Aunque las nuevas reglas entrarán plenamente en vigencia en 2028, el verdadero desafío comienza ahora: demostrar que podrían sostener su estrategia de negocio incluso bajo escenarios adversos.
El sistema financiero colombiano se acerca a una fecha que puede parecer un trámite regulatorio, pero que tendrá implicaciones mucho más profundas sobre la manera como bancos y otras entidades toman decisiones de crecimiento, riesgo y financiación.
A más tardar el 31 de octubre de 2026, las instituciones destinatarias de la Circular Externa 021 de 2025 deberán entregar a la Superintendencia Financiera de Colombia su plan para implementar los procesos de autoevaluación de capital (PAC) y de liquidez (PAL), junto con el renovado Esquema de Pruebas de Resistencia.
En términos sencillos, el cambio obliga a las entidades a responder dos preguntas fundamentales: ¿cuánto capital necesitarían realmente para soportar los riesgos derivados de su estrategia y cuánto dinero líquido deberían tener disponible para cumplir sus obligaciones si las condiciones económicas se deterioran?
La diferencia frente a una revisión tradicional es importante. No se trata únicamente de comprobar que hoy se cumplen unos indicadores regulatorios mínimos. La mirada deberá ser prospectiva y considerar escenarios adversos que permitan determinar qué ocurriría, por ejemplo, si aumentan las pérdidas de cartera, cambia el costo del fondeo, cae la actividad económica o se materializan simultáneamente diferentes riesgos.
Mucho más que llenar un formato
La Superintendencia Financiera expidió la Circular 021 el 26 de diciembre de 2025 como parte del fortalecimiento de su marco prudencial y de la incorporación de lineamientos internacionales del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea.
Las nuevas instrucciones entrarán en vigencia el 1 de enero de 2028, pero antes de llegar allí las entidades tienen que desarrollar modelos, procesos, información, tecnología y esquemas de gobierno que permitan hacer operativa la autoevaluación.
Por eso el primer gran hito llega este octubre.
El plan presentado al supervisor debe incluir un cronograma de implementación, actividades, entregables, responsables, mecanismos de seguimiento y una estimación de los impactos y costos, incluidos los ajustes tecnológicos y operativos necesarios.
Para Camilo Zea, CEO de Pronus Control, el error sería interpretar esa obligación como un documento destinado únicamente a cumplir una fecha.
“El riesgo no es solamente llegar tarde, es presentar un plan que la entidad no pueda ejecutar. Un plan débil o improvisado deja a la institución sin una visión confiable de cuánto puede crecer, qué recursos necesitará y cómo responderá si aumentan las pérdidas o se encarece la financiación”, señala.
Crecer también consume capital y liquidez
Ahí aparece la dimensión empresarial del nuevo esquema.
Cuando una entidad financiera aumenta agresivamente su cartera, entra en nuevos mercados o modifica la composición de sus productos, no solamente busca mayores ingresos. También aumenta o transforma sus exposiciones al riesgo y puede necesitar capital adicional para absorber potenciales pérdidas, así como nuevas fuentes de financiación para respaldar el crecimiento.
PAC-PAL busca que ese análisis deje de realizarse de manera fragmentada.
La estrategia comercial, el apetito de riesgo, la planificación financiera, el capital disponible, el fondeo y las pruebas de estrés deberán conversar entre sí.
En la práctica, esto puede convertir el proceso en una herramienta para definir hasta dónde puede crecer una entidad sin comprometer su solidez.
Un banco podría descubrir, por ejemplo, que un determinado crecimiento de cartera parece rentable en condiciones normales, pero exige mucho más capital o liquidez cuando se somete a escenarios económicos adversos. Esa información puede modificar decisiones de precios, productos, financiación e incluso expansión.
Una tendencia mundial después de las crisis financieras
La lógica detrás de estos ejercicios no es exclusiva de Colombia.
El Comité de Supervisión Bancaria de Basilea considera las pruebas de resistencia un componente fundamental de la gestión bancaria y de la supervisión financiera. Su propósito es identificar resultados adversos inesperados y estimar qué recursos financieros necesitaría una institución para absorber pérdidas ante choques severos pero plausibles.
Basilea también establece un principio particularmente relevante para la gerencia: los resultados de las pruebas de estrés deben servir para tomar decisiones de negocio.
En otras palabras, el valor del ejercicio no está solamente en producir una simulación matemática, sino en que juntas directivas y alta dirección utilicen esa información para decidir cuánto riesgo están dispuestas a asumir.
El reto también será tecnológico
La regulación llega además en un sistema financiero cada vez más intensivo en datos.
Para ejecutar escenarios de estrés sobre cartera, mercado, liquidez y otros riesgos es necesario consolidar información proveniente de distintas áreas, realizar cálculos recurrentes y generar resultados comparables y trazables.
Allí aparece uno de los principales obstáculos operativos.
Finanzas puede trabajar con unas proyecciones; riesgos, con sus propios modelos; tesorería, con escenarios de fondeo; y tecnología, con arquitecturas construidas para otros requerimientos regulatorios.
Si esas piezas no se integran, las entidades pueden terminar duplicando información, realizando procesos manuales o construyendo soluciones que después deben rehacerse.
Pronus Control estima que el universo involucrado alcanza 65 entidades, entre bancos, corporaciones financieras, compañías de financiamiento, cooperativas financieras y entidades especiales incluidas dentro del esquema.
La firma sostiene que una parte importante de las tareas repetitivas —consolidación de información, ejecución de cálculos y generación de reportes— puede automatizarse, permitiendo que los equipos especializados concentren su trabajo en interpretar escenarios y evaluar alternativas.
PAC-PAL llegará hasta las juntas directivas
El cambio regulatorio tampoco debería quedar confinado a las áreas de riesgos.
Capital y liquidez determinan cuánto puede crecer una institución, qué tan vulnerable resulta frente a determinados choques y cuánto margen tiene para ejecutar su estrategia.
Eso convierte el proceso en un asunto de gobierno corporativo.
Las juntas y la alta dirección tendrán que conocer los supuestos utilizados, entender qué riesgos pueden comprometer la solvencia de la organización y evaluar las decisiones necesarias si un escenario adverso comienza a materializarse.
El 31 de octubre, por tanto, será apenas el primer examen.
La verdadera prueba llegará cuando los cronogramas presentados a la Superintendencia tengan que convertirse durante 2027 en modelos, datos, sistemas y procesos capaces de funcionar antes de la entrada en vigencia de las nuevas reglas en 2028.
Y allí estará la diferencia entre cumplir una norma y construir una capacidad empresarial: PAC-PAL puede terminar siendo menos un ejercicio para calcular cuánto capital tiene una entidad y más una herramienta para determinar cuánto riesgo puede asumir sin poner en peligro su crecimiento futuro.

