Acoplásticos destina otros $100 millones a la creación artística y consolida un modelo que conecta cultura, innovación y desarrollo empresarial, con el talento colombiano como protagonista.
Con la selección de Ana María Chamucero como ganadora de la segunda edición de su Premio de Arte y la presentación de la obra de Gabriela Pinilla en ARTBO 2026, el gremio consolida una iniciativa que conecta la industria con la creación artística, el aprovechamiento de materiales y el desarrollo cultural del país.
La relación entre empresa y cultura comienza a trascender los modelos tradicionales de patrocinio para dar paso a iniciativas que financian directamente la creación artística. En esa dirección avanza Acoplásticos, el gremio que representa a diferentes cadenas productivas de la industria química en Colombia, con una nueva inversión de $100 millones destinada a impulsar una propuesta de arte contemporáneo.
El anuncio coincide con un momento significativo para el Premio de Arte Acoplásticos: la culminación de su primer ciclo, que comprende la selección de una artista, el acompañamiento técnico y financiero para producir una obra y su posterior exhibición ante el público.
La iniciativa alcanzó este hito con la presentación de No hay amor sin libertad, de Gabriela Pinilla, ganadora de la edición 2025, durante ARTBO | Feria, realizada entre el 24 y el 27 de septiembre de 2026. Simultáneamente, el gremio anunció a Ana María Chamucero como ganadora de la segunda edición, cuya propuesta será presentada en 2027.
Más allá del reconocimiento artístico, el programa plantea una forma de participación empresarial en la cultura: financiar procesos creativos desde su concepción, sin que las obras deban convertirse en propiedad de la entidad que aporta los recursos.
Del reconocimiento a la creación: un modelo de inversión cultural
Una de las particularidades del Premio de Arte Acoplásticos es su estructura de financiación. A diferencia de los galardones que reconocen una obra terminada o contemplan su adquisición, este mecanismo aporta recursos para desarrollar una propuesta nueva.
Cada edición dispone de $100 millones, distribuidos en tres componentes:

El esquema busca responder a uno de los desafíos de las artes visuales: contar con financiación suficiente para ejecutar proyectos de gran formato, cuya complejidad técnica y logística puede superar las posibilidades individuales de los creadores.
La selección está a cargo de un jurado especializado que evalúa aspectos como la solidez conceptual, el manejo del espacio, el impacto social y la trayectoria artística. Posteriormente, la artista recibe acompañamiento durante la conceptualización, producción y exhibición.
“El propósito del premio es que se convierta en una plataforma para reconocer e impulsar el talento colombiano. Al completar este primer ciclo, estamos felices de estar conectando a las empresas con la cultura”, afirmó Daniel Mitchell, presidente de Acoplásticos.
Dos artistas, dos miradas sobre la sociedad colombiana
La primera edición tuvo como protagonista a Gabriela Pinilla, cuya obra No hay amor sin libertad constituye un homenaje a Manuela Sáenz y forma parte del sexto capítulo de La venganza de la historia, proyecto que la artista desarrolla desde 2007 mediante pinturas, murales y libros ilustrados.
La presentación de esta creación en el espacio Ágora de ARTBO | Feria permitió materializar el propósito original del premio: llevar una propuesta desde su planteamiento inicial hasta su encuentro con el público.
En contraste, la segunda edición introduce una reflexión sobre los materiales, el reciclaje y las dinámicas del mercado.

Ana María Chamucero, postulada por la Galería El Coleccionista de Medellín, fue seleccionada con Estrategias de almacenaje, una instalación que contempla tres piezas monumentales elaboradas con costales de polipropileno usados, recuperados de depósitos de reciclaje de Bogotá.
Ana María Chamucero, postulada por la Galería El Coleccionista de Medellín, fue seleccionada con Estrategias de almacenaje, una instalación que contempla tres piezas monumentales elaboradas con costales de polipropileno usados, recuperados de depósitos de reciclaje de Bogotá.
La artista propone explorar acciones como apilar, encajar y doblar estos materiales, estableciendo relaciones entre su circulación comercial y las formas en que las obras de arte son transportadas, almacenadas e intercambiadas.
Su propuesta abre una conversación especialmente pertinente para el sector industrial: cómo materiales asociados con actividades productivas y logísticas pueden adquirir nuevos significados en espacios culturales.
Aunque la utilización de elementos recuperados no constituye por sí sola una medición de impacto ambiental, el proyecto introduce una perspectiva sobre la reutilización y el valor de materiales que habitualmente permanecen fuera de los circuitos del arte contemporáneo.
El papel de las empresas en el desarrollo cultural
La iniciativa también permite examinar cómo las organizaciones empresariales pueden ampliar su participación en proyectos culturales mediante esquemas que van más allá de la visibilidad corporativa.
En este caso, el aporte financiero se articula con la curaduría especializada, la participación de galerías y la exhibición pública de las obras. Se trata de un mecanismo que vincula recursos privados con procesos de creación y circulación artística.
Para Rafael Londoño Mejía, director del Premio de Arte Acoplásticos, uno de los elementos centrales es precisamente la posibilidad de desarrollar proyectos concebidos para este espacio.
“La comisión permite que los artistas desarrollen obras pensadas especialmente para este proceso, con el tiempo y los recursos necesarios para llevar sus ideas a una nueva escala. Ese es uno de los grandes valores del premio”, señaló.
El jurado está integrado por José Roca, fundador de FLORA ars+natura y excurador adjunto de arte latinoamericano de la Tate de Londres; Claudia Segura, jefa de la Colección del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA); y Rafael Londoño, coleccionista y curador independiente.
Esta estructura busca respaldar la selección con criterios artísticos y curatoriales, mientras la participación de ARTBO ofrece un escenario para la presentación de los proyectos.
Una alianza entre industria y cultura con proyección a largo plazo
Con la primera obra ya exhibida y una segunda propuesta en desarrollo, el Premio de Arte Acoplásticos empieza a establecer una continuidad que será determinante para evaluar su alcance.
El siguiente paso será la producción de Estrategias de almacenaje, cuyo estreno está previsto para ARTBO | Feria 2027. Las condiciones del programa también contemplan una exhibición posterior en una sala vinculada a ARTBO.
Para el sector empresarial colombiano, esta experiencia pone sobre la mesa una pregunta relevante: ¿cómo convertir las inversiones culturales en proyectos sostenidos que aporten al desarrollo del talento, la circulación del conocimiento y la relación de las organizaciones con la sociedad?
El modelo de Acoplásticos ofrece una aproximación concreta. En lugar de limitar el apoyo a una actividad puntual, financia un proceso creativo completo y permite que la autoría y la posesión de la obra permanezcan en manos de la artista.
Su impacto de largo plazo dependerá de la continuidad del programa, la proyección de las obras y las oportunidades que genere para nuevos creadores.
En un entorno donde las empresas buscan fortalecer su contribución social y ampliar sus vínculos con distintos sectores, el encuentro entre industria y cultura abre un campo de colaboración que no depende exclusivamente de indicadores económicos.
El primer ciclo del Premio de Arte Acoplásticos demuestra que los recursos empresariales también pueden contribuir a hacer posibles propuestas artísticas que dialoguen con la historia, los materiales y las transformaciones de la sociedad colombiana.

