Seguros Bolívar recibió una calificación internacional BBB- con perspectiva estable de Fitch Ratings, dentro del denominado grado de inversión.
En un negocio cuya promesa fundamental consiste en tener recursos disponibles cuando ocurre lo inesperado, la fortaleza financiera no es solamente un indicador contable.
El terremoto que golpeó al país el pasado 10 de agosto lo dejó especialmente claro: las pérdidas aseguradas asociadas con el evento ya se estiman en $6,8 billones, mientras las compañías habían desembolsado más de $913.000 millones en indemnizaciones al corte del 16 de octubre.
Ese escenario ayuda a entender por qué variables como capital, reservas, rentabilidad técnica y reaseguro empiezan a cobrar mayor importancia en la evaluación de una aseguradora.
En ese contexto, Fitch Ratings otorgó a Seguros Bolívar y Seguros Comerciales Bolívar una calificación internacional de fortaleza financiera BBB-, con perspectiva estable, mientras mantuvo para la operación colombiana la nota AAA(col), también con perspectiva estable.
Aunque ambas calificaciones son positivas, no deben confundirse: corresponden a escalas diferentes.
La nota BBB- se encuentra en el primer nivel de lo que Fitch clasifica internacionalmente como grado de inversión, mientras AAA(col) representa la calificación más alta dentro de la escala nacional colombiana.
“La tranquilidad que ofrecemos a nuestros clientes se construye mucho antes de que ocurra un evento inesperado. Se refleja en la forma en que administramos nuestros recursos, nuestra capacidad técnica para evaluar los riesgos y prepararnos para responder. Esta calificación internacional destaca ese trabajo, pero también nos recuerda la responsabilidad que tenemos con las personas, las familias y las empresas que confían en nosotros”, afirma Álvaro Carrillo, presidente de Seguros Bolívar.
¿Qué significa realmente una calificación de fortaleza financiera?
Para un inversionista, una empresa o una persona que contrata un seguro, el concepto central es relativamente sencillo: mide la capacidad de una aseguradora para cumplir las obligaciones adquiridas con sus asegurados.
Pero llegar a esa conclusión exige analizar variables mucho más complejas.
En el caso de Seguros Bolívar, Fitch destacó factores como su base de capital, el nivel de apalancamiento, el desempeño operativo y el programa de reaseguros utilizado para reducir la exposición ante eventos catastróficos.
Este último elemento resulta particularmente relevante después de un año marcado por un evento sísmico de gran magnitud.
El reaseguro funciona, en términos simples, como un mecanismo mediante el cual las propias compañías aseguradoras transfieren parte de los riesgos que han asumido a otras entidades especializadas. Esto les permite reducir la posibilidad de que un evento excepcionalmente costoso comprometa su estabilidad financiera.
Así, la capacidad de responder ante una catástrofe no depende únicamente del dinero disponible en caja, sino de una arquitectura de capital, reservas y transferencia de riesgos construida previamente.
Un indicador que dice mucho sobre el negocio
Otro de los datos destacados en la evaluación es el índice combinado.
Entre 2021 y 2025, Seguros Bolívar registró un promedio de 91,5%, frente a 99,3% para el sector de seguros generales en Colombia, de acuerdo con la información presentada en la evaluación.
Este indicador relaciona los siniestros y los gastos operativos con las primas generadas por la actividad aseguradora.
En términos generales, un resultado inferior a 100% indica que el negocio técnico produce un excedente antes de considerar los ingresos derivados de inversiones. Cuando supera ese nivel, los costos y siniestros son superiores a las primas obtenidas y la rentabilidad depende en mayor medida de otras fuentes de ingresos.
Por esa razón, para analizar una aseguradora no basta con observar cuánto vende en primas: también importa cuánto debe destinar a pagar reclamaciones, cuánto cuesta operar el negocio y qué tan adecuadamente está calculando el precio de los riesgos que asume.
Un sector bajo mayor presión
La discusión ocurre además en una industria que ha enfrentado retos de rentabilidad.
Fasecolda señaló en su balance del primer trimestre de 2026 que el sector registró un menor crecimiento de las primas y un incremento de las pérdidas técnicas, asociado con deterioros en siniestralidad, gastos y comisiones.
La situación no significa que las compañías aseguradoras estén en dificultades generalizadas, pero sí evidencia por qué la disciplina técnica y financiera adquiere mayor relevancia.
A esto se suma la exposición creciente a eventos climáticos y catastróficos, mayores costos de reparación, cambios regulatorios, inflación médica y nuevas formas de riesgo asociadas con tecnología y ciberseguridad.
El terremoto de agosto se convirtió precisamente en una prueba de estrés real para el sistema.
Con más de 100.000 reclamaciones asociadas al evento en cientos de municipios, la industria no solamente debe reconocer siniestros, sino movilizar recursos financieros durante meses e incluso años mientras avanza la reconstrucción.
Tamaño también importa
Seguros Bolívar cerró 2025 con más de $6 billones en primas emitidas y un patrimonio cercano a $4,6 billones, lo que la ubicó entre los jugadores de mayor tamaño de la industria colombiana.
Ese tamaño proporciona capacidad financiera, pero también implica una exposición considerable a diferentes tipos de riesgo.
La aseguradora opera en segmentos como vida, salud, riesgos laborales, automóviles, hogar, transporte y seguros empresariales, lo que obliga a administrar simultáneamente riesgos muy distintos.
“La tranquilidad que ofrecemos a nuestros clientes se construye mucho antes de que ocurra un evento inesperado. Se refleja en la forma en que administramos nuestros recursos, nuestra capacidad técnica para evaluar los riesgos y prepararnos para responder”, señaló Álvaro Carrillo, presidente de Seguros Bolívar.
La verdadera prueba ocurre cuando llega el siniestro
Las calificaciones de riesgo son una referencia importante, pero no constituyen una garantía absoluta ni una recomendación de inversión.
De hecho, Fitch advierte que sus calificaciones expresan una opinión sobre riesgo crediticio y capacidad de pago, no una certificación de que una entidad esté libre de riesgo.
Sin embargo, para empresas que contratan coberturas millonarias, intermediarios, grandes clientes e inversionistas, estas evaluaciones ofrecen una señal adicional para analizar la capacidad financiera de una contraparte.
Y esa discusión gana relevancia después de un año en el que Colombia comprobó nuevamente que los grandes riesgos no son solamente escenarios incluidos en modelos actuariales.
Cuando ocurre una catástrofe, la promesa de un seguro deja de ser un contrato y se convierte en una obligación financiera inmediata.
Por eso, detrás de una calificación como BBB- hay una discusión empresarial mucho más amplia: cuánto capital tiene una aseguradora, qué tan bien está calculando los riesgos que toma y qué tan preparada está para pagar precisamente cuando miles de clientes necesitan hacerlo al mismo tiempo.

