El sistema alimentario global atraviesa una transformación profunda impulsada por cambios en los hábitos de consumo, presiones económicas y una mayor conciencia sobre salud y sostenibilidad. Así lo confirma el más reciente informe TrendTracker de Cargill, una plataforma global de análisis de comportamiento del consumidor que identifica cinco tendencias clave que influirán en la elección de alimentos y bebidas en 2026, tanto en Colombia como en América Latina.
El estudio se publica en un año estratégico para Cargill Colombia. La compañía concretó en 2025 la primera exportación de pollo colombiano a Japón —uno de los mercados con mayores exigencias sanitarias del mundo— y avanzó en su plan de inversión en Santander, orientado a fortalecer la capacidad productiva y el valor agregado de la industria avícola nacional. Según cifras de la empresa, estas iniciativas han contribuido a robustecer una cadena que genera miles de empleos directos e indirectos y que representa cerca del 30 % del consumo de proteína animal en los hogares colombianos.
“Hoy el consumidor no solo evalúa precio. Busca bienestar, confianza y propósito. Las decisiones de compra están cada vez más informadas y conectadas con la calidad de vida”, señala , quien explica que el TrendTracker se alimenta de estudios en más de 20 países y millones de interacciones de consumo.
La primera tendencia, En busca de lo bueno, refleja una preferencia por alimentos que aporten beneficios reales a la salud física, mental y emocional. Proteína de alta calidad, fibra e ingredientes funcionales se mantienen como prioridades. En Colombia, esta demanda se traduce en mayores estándares de inocuidad y trazabilidad en la producción de alimentos.
La segunda tendencia, Comer para vivir, pone la longevidad en el centro de la dieta. Consumidores de todas las generaciones adoptan patrones alimenticios orientados a mantener energía y bienestar a largo plazo. De acuerdo con el informe, más del 60 % de los encuestados en la región afirma que hoy piensa más en cómo su alimentación impactará su futuro que hace cinco años.
Consiéntete, la tercera tendencia, confirma que el placer sigue siendo relevante. Incluso en contextos de mayor preocupación por la salud, los consumidores buscan indulgencias responsables. “El desafío para la industria es ofrecer experiencias sensoriales de alta calidad sin sacrificar el equilibrio nutricional”, explica.
La cuarta tendencia, Experiencias elevadas, destaca la comida como una exploración cultural y multisensorial. Sabores del mundo, nuevas texturas y propuestas diferenciadas ganan espacio, especialmente entre consumidores jóvenes y urbanos.
Finalmente, Valor acelerado redefine el concepto de valor en un entorno económico desafiante. No se trata solo de pagar menos, sino de recibir más beneficios por cada compra. La inversión productiva y la eficiencia operativa se vuelven claves para ampliar el acceso a alimentos confiables y de calidad.
Para Cargill, estas tendencias refuerzan una hoja de ruta clara. “El futuro de la alimentación exige innovación, presencia local y una visión de largo plazo. Colombia tiene el potencial para consolidarse como un actor relevante en mercados internacionales exigentes”. El TrendTracker anticipa que quienes logren responder a estas expectativas estarán mejor posicionados en la próxima década.

