El negocio inmobiliario entra en una nueva etapa: menos volumen, más rentabilidad

Abr 24, 2026

Con la reactivación de la vivienda, la baja vacancia en activos logísticos y una demanda más sofisticada por inversión inmobiliaria, el sector en Colombia se mueve hacia un modelo más selectivo. La oportunidad ya no está solo en comprar o vender inmuebles, sino en gestionar activos capaces de proteger capital y generar retornos sostenibles.

El mercado inmobiliario colombiano comienza a dejar atrás la lectura de crisis y entra en una fase más compleja: la de la recuperación selectiva. No se trata de un rebote generalizado ni de una expansión impulsada únicamente por volumen, sino de un nuevo ciclo en el que la ubicación, la eficiencia, la capacidad de generar renta y la gestión profesional de los activos empiezan a pesar más en las decisiones de inversión.

Las señales apuntan en esa dirección. Para 2026, las proyecciones de Camacol anticipan un crecimiento en ventas de vivienda entre 5% y 12%, mientras que el inicio de nuevas obras podría superar el 13%, con mayor impulso del segmento No VIS. A esto se suma un entorno financiero que, aunque todavía exige cautela, muestra mejores condiciones para la toma de decisiones de largo plazo.

El ajuste en las tasas de interés, la valorización de la vivienda nueva y la dinámica del mercado de arrendamientos están reconfigurando el mapa de oportunidades. De acuerdo con las cifras incluidas en el análisis sectorial, el DANE reporta valorizaciones anuales de 8,91% en casas y 9,15% en apartamentos nuevos. En paralelo, el segmento corporativo mantiene niveles de vacancia cercanos al 8% en Bogotá, mientras que el mercado logístico registra una disponibilidad mucho más estrecha, con vacancias de apenas 1,6% en Bogotá y la Sabana.

La consecuencia es clara: el inversionista inmobiliario está cambiando. Ya no se limita a adquirir un activo para esperar valorización pasiva, sino que busca estructuras más profesionales para generar rentabilidad, reducir riesgos y tomar decisiones con información de mercado.

De la intermediación inmobiliaria a la gestión de activos

En este nuevo contexto, algunas compañías del sector han comenzado a ajustar su modelo de negocio. Ese es el caso de Gaviria Real Estate, firma con más de 78 años de trayectoria, más de 1.500 propiedades bajo administración a nivel nacional y un portafolio que supera los $120.000 millones en rentas anuales.

La compañía está dando un giro hacia la gestión estratégica de activos inmobiliarios, una categoría que va más allá de la intermediación tradicional. El objetivo no es solamente facilitar operaciones de compra, venta o arriendo, sino acompañar decisiones de inversión con criterios financieros, patrimoniales y de rentabilidad.

“Como parte de esta evolución, presentamos una nueva identidad y redefinimos nuestro enfoque estratégico para posicionarnos como un gestor integral de activos inmobiliarios, orientado a maximizar la rentabilidad y proteger el capital de inversionistas, tanto en Colombia como en mercados internacionales. Queremos desligarnos de la inmobiliaria tradicional y consolidarnos como un gestor estratégico de activos, donde cada decisión esté orientada a la rentabilidad, el crecimiento sostenido y la protección patrimonial”, señaló José Fernando Espinal, gerente general de Gaviria Real Estate.

El movimiento responde a un cambio de fondo en el mercado. En Bogotá, el valor de las ventas de vivienda nueva alcanzó los $16,6 billones, mientras que la vivienda usada muestra una absorción acelerada, con una oferta visible que se ha reducido al 1,9%. En términos prácticos, esto significa un mercado más competido, donde encontrar oportunidades atractivas exige mayor análisis y mejor lectura del ciclo.

La gestión de activos cobra especial relevancia en ese escenario. Para un inversionista, la rentabilidad ya no depende únicamente de comprar bien, sino de administrar mejor: definir el uso adecuado del inmueble, optimizar cánones, reducir tiempos de vacancia, anticipar tendencias de demanda y evaluar oportunidades en distintos mercados.

Oficinas, logística y vivienda: un mercado que se vuelve más técnico

La transformación no ocurre solo en vivienda. El segmento corporativo también está entrando en una etapa de reajuste. Factores como el nearshoring, la reorganización de cadenas de suministro y la necesidad de espacios logísticos más cercanos a los centros urbanos están impulsando nuevas demandas.

Según el comunicado, estas tendencias podrían llevar a un crecimiento del 22% en la absorción de espacios industriales, mientras que la demanda de bodegas urbanas de menos de 1.000 metros cuadrados crece a tasas del 35% anual. Este comportamiento confirma que el mercado inmobiliario empresarial se está volviendo más especializado: ya no basta con tener metros cuadrados disponibles; se requieren activos bien ubicados, funcionales y adaptados a nuevas necesidades operativas.

Para compañías con portafolios corporativos, esto abre una oportunidad relevante. Los activos inmobiliarios dejan de ser vistos únicamente como espacios físicos y pasan a entenderse como herramientas de productividad, eficiencia logística y generación de valor.

En esa línea, Gaviria Real Estate ha ampliado su propuesta hacia comercialización, gestión de activos, estructuración de proyectos, inversión internacional y soluciones corporativas especializadas a través de NAI Gaviria. Esta unidad alcanzó transacciones por más de $13.000 millones en 2025 y proyecta llegar a $26.000 millones en 2026.

Su alianza con NAI Global también le permite conectar operaciones locales con una red internacional de más de 5.100 profesionales en 55 países, en un mercado global de transacciones inmobiliarias que supera los US$20 billones anuales.

El metro cuadrado como decisión financiera

El nuevo ciclo inmobiliario parece estar marcado por una idea central: el metro cuadrado ya no se evalúa solo por ubicación o valorización esperada, sino por su capacidad de comportarse como un activo financiero. Esto implica medir ingresos, riesgos, liquidez, costos de mantenimiento, potencial de ocupación y capacidad de adaptación a nuevas formas de habitar, trabajar y producir.

Tendencias como el co-living, las ciudades de 15 minutos, la relocalización logística y la demanda por espacios más eficientes están redefiniendo la forma en que personas y empresas toman decisiones inmobiliarias. En ese entorno, el crecimiento del sector dependerá menos del volumen y más de la calidad de los activos, la eficiencia en la gestión y la capacidad de anticipar cambios en la demanda.

“Mientras el sector se reorganiza, nuestro papel es ser un gestor de confianza para el inversionista. No buscamos solo cerrar transacciones, sino liderar la evolución hacia un mercado inmobiliario más transparente, digital y rentable, donde cada metro cuadrado sea una decisión financiera inteligente”, recalcó Espinal.

La lectura para el mercado es relevante. El real estate colombiano entra en una etapa en la que la recuperación no será homogénea. Habrá oportunidades, pero estarán concentradas en activos con fundamentos sólidos, operadores con capacidad técnica y modelos de gestión orientados a proteger capital.

En otras palabras, el sector inmobiliario vuelve a moverse, pero bajo reglas distintas. La rentabilidad estará menos asociada a la intuición y más a la información; menos al simple inventario y más a la estrategia; menos a comprar metros cuadrados y más a construir patrimonio con criterio financiero.

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