Inglés: la brecha silenciosa que aún limita la competitividad laboral en Colombia

Jun 18, 2026

Aunque el aprendizaje de un segundo idioma es cada vez más relevante para acceder a mejores empleos, exportar servicios y conectar empresas con mercados internacionales, muchos colombianos siguen enfrentando barreras emocionales, metodológicas y de confianza que frenan su avance.

Aprender inglés dejó de ser un diferencial aspiracional para convertirse en una competencia de productividad. En sectores como tecnología, BPO, servicios empresariales, turismo, comercio exterior, educación, innovación y atención al cliente, el dominio de un segundo idioma puede marcar la diferencia entre acceder o no a nuevas oportunidades laborales y comerciales.

Sin embargo, la brecha no está únicamente en la oferta de cursos, plataformas o aplicaciones. De hecho, el mercado nunca había tenido tantas opciones para aprender. El problema, según un estudio realizado por el Centro de Idiomas Berlitz Colombia, es que una parte importante de los colombianos no se detiene por falta de interés, sino por miedo, frustración, inseguridad y malas experiencias acumuladas durante años.

El hallazgo es relevante para el mundo empresarial porque cambia la forma de entender la formación en idiomas. Ya no basta con financiar cursos o abrir cupos de capacitación. Para que la inversión tenga retorno, las compañías deben comprender que el aprendizaje también es un proceso de confianza, acompañamiento y cambio de hábitos.

“Nos encontramos con estudiantes que vienen con una carga emocional importante. Han tenido malas experiencias en el pasado y sienten que no son capaces de aprender, lo que impacta directamente en su motivación”, explicó Verónica Sepúlveda, directora de Programas Académicos de Berlitz Colombia.

Una necesidad laboral que crece más rápido que la confianza

Colombia lleva años hablando de bilingüismo como una condición para mejorar su competitividad. El país necesita más talento capaz de trabajar con clientes internacionales, participar en cadenas globales de valor, atender operaciones de servicios exportables y desenvolverse en entornos corporativos donde el inglés es, cada vez más, una herramienta básica de comunicación.

No obstante, el avance sigue siendo insuficiente frente a las necesidades del mercado. En rankings internacionales de dominio del inglés, Colombia se mantiene en niveles bajos frente a otros países de la región. Esa realidad no solo tiene implicaciones educativas, sino también económicas: limita la empleabilidad, reduce la movilidad laboral y restringe la capacidad de muchas empresas para crecer en mercados externos.

El reto es especialmente crítico para sectores intensivos en talento humano. En servicios tercerizados, tecnología, software, turismo, comercio internacional y centros de contacto, el inglés puede convertirse en una barrera de entrada o en un acelerador de carrera. Para una empresa, contar con equipos bilingües permite atender mejor a clientes internacionales, ampliar mercados, mejorar procesos de negociación y elevar el valor agregado de sus servicios.

Pero para muchos trabajadores, dar el primer paso sigue siendo difícil.

El peso de la experiencia escolar

Uno de los principales obstáculos identificados por Berlitz tiene origen en la etapa escolar. Muchas personas arrastran la sensación de no haber aprendido inglés cuando “debían hacerlo”, lo que genera una relación negativa con el idioma. Esa frustración se convierte, años después, en desconfianza hacia nuevos métodos y en una idea persistente: “esto no es para mí”.

Esa percepción puede ser más costosa de lo que parece. En el mundo corporativo, un trabajador que se siente incapaz de aprender un idioma puede autoexcluirse de procesos de ascenso, convocatorias internacionales, proyectos regionales o roles con mayor exposición. El problema, por tanto, no es solo académico. También afecta la ambición profesional y la movilidad dentro de las organizaciones.

A esto se suma una paradoja del mercado actual: hay más alternativas que nunca, pero esa abundancia también genera confusión. Cursos presenciales, plataformas digitales, aplicaciones, clases personalizadas, programas corporativos y metodologías autodidactas compiten por la atención de los usuarios. Para quien ya ha tenido experiencias fallidas, elegir se vuelve un riesgo.

“Hoy hay muchas alternativas para aprender inglés, pero no todas responden a las necesidades reales de cada persona. Esa saturación puede generar frustración incluso antes de empezar”, agregó Sepúlveda.

La formación en idiomas también requiere estrategia empresarial

Para los empresarios, el mensaje es claro: capacitar en inglés no debería verse como un beneficio aislado de bienestar, sino como una inversión de capital humano que requiere diagnóstico, objetivos, metodología y seguimiento.

En muchas organizaciones, los programas de idiomas fracasan porque se ofrecen de manera genérica. Se abre una convocatoria, se asigna un proveedor, se mide asistencia y se espera que el colaborador avance por cuenta propia. Sin embargo, cuando existen cargas emocionales, falta de hábito de estudio o experiencias previas negativas, la sola disponibilidad del curso no garantiza resultados.

El aprendizaje efectivo exige entender el perfil de cada trabajador, su nivel real, sus necesidades de uso del idioma y el contexto en el que debe aplicarlo. No requiere lo mismo un ejecutivo que negocia con proveedores internacionales que un agente de servicio al cliente, un desarrollador de software, un guía turístico o un profesional financiero que debe presentar reportes en inglés.

Por eso, la calidad del profesor, la metodología y el acompañamiento aparecen como factores determinantes. Según el análisis de Berlitz, la falta de confianza en el proceso o en quien enseña puede reforzar la frustración y aumentar el riesgo de abandono.

En términos empresariales, esto significa que la capacitación en idiomas debe diseñarse con criterios similares a cualquier proyecto de productividad: punto de partida, metas medibles, pertinencia para el cargo, seguimiento y retorno esperado.

Adultos mayores de 40: una brecha que no debería perderse

El estudio también identifica una barrera particular en adultos mayores de 40 años: la percepción de que aprender un idioma es más difícil con la edad. Esa creencia puede frenar a profesionales con amplia experiencia, alto conocimiento técnico y capacidad de liderazgo, pero que se sienten limitados frente al inglés.

Para las empresas, este punto es especialmente sensible. En muchos sectores, los perfiles senior concentran conocimiento estratégico, relación con clientes, criterio técnico y visión de negocio. Si el idioma se convierte en una barrera para ellos, la organización puede perder oportunidades de internacionalización, mentoría o transferencia de conocimiento.

“Existe el mito de que después de cierta edad ya no se puede aprender igual, pero eso no es así. El problema es que esa creencia limita a las personas incluso antes de intentarlo”, señaló Sepúlveda.

La discusión, entonces, no es únicamente cómo formar jóvenes bilingües, sino cómo cerrar brechas en trabajadores activos que ya están en posiciones de decisión o en áreas críticas para la productividad empresarial.

Del curso al resultado

En el contexto actual, las personas no solo buscan aprender inglés. Buscan certezas. Quieren saber que el tiempo invertido tendrá resultados concretos y que el esfuerzo se traducirá en una mejora real para su vida laboral o profesional.

Ahí aparece una oportunidad para el sector educativo y para las áreas de talento humano: pasar de la oferta masiva a programas más personalizados, prácticos y conectados con necesidades reales. La formación en inglés debe enfocarse menos en la memorización y más en la comunicación funcional; menos en promesas generales y más en resultados verificables; menos en la obligación corporativa y más en la confianza del estudiante.

“Las personas hoy no solo buscan aprender inglés, buscan certezas. Quieren saber que su tiempo y su inversión van a tener resultados concretos, y ahí la metodología y el acompañamiento son fundamentales”, concluyó Sepúlveda.

El bilingüismo, visto desde la empresa, ya no es un asunto accesorio. Es una condición para competir, exportar, atraer inversión, mejorar empleabilidad y sofisticar servicios. Pero para cerrar la brecha, Colombia necesita entender que el problema no se resuelve únicamente con más cursos. También exige mejores metodologías, acompañamiento real y una lectura más humana de las barreras que impiden aprender.

En un mercado laboral cada vez más competido, el inglés puede abrir puertas. El reto es lograr que más colombianos se sientan capaces de cruzarlas.

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