Expertos advierten que la falta de control sobre la información corporativa puede aumentar riesgos operativos, regulatorios y estratégicos en un entorno cada vez más impulsado por datos.
El crecimiento acelerado del uso de datos y de herramientas de inteligencia artificial (IA) está llevando a las empresas a replantear la forma en que gestionan su información. Aunque las organizaciones generan y procesan grandes volúmenes de datos, muchas aún no cuentan con mecanismos claros de gobernanza que les permitan saber dónde reside su información crítica, quién accede a ella y bajo qué reglas se utiliza, lo que puede traducirse en riesgos operativos y regulatorios.
La expansión de los entornos digitales ha provocado que la información corporativa se replique y circule en múltiples plataformas tecnológicas. Esta fragmentación dificulta mantener una visión completa de los activos de datos de una organización y responder preguntas clave para la alta dirección, como qué información existe, cuáles datos son estratégicos y cómo se utilizan, especialmente cuando alimentan procesos automatizados o modelos de IA.
La fragmentación de la información complica responder preguntas estratégicas para la alta dirección, como identificar qué datos existen, cuáles son críticos para el negocio y de qué manera se utilizan, especialmente cuando alimentan procesos automatizados o modelos de inteligencia artificial. Sin esa visibilidad, las empresas pueden perder capacidad de supervisión y aumentar el riesgo de errores o decisiones basadas en información incompleta.
El reto se acentúa con la rápida adopción de inteligencia artificial. Según una encuesta global de McKinsey citada en el documento, solo el 28 % de los directores ejecutivos supervisa directamente la implementación de IA dentro de sus organizaciones, lo que evidencia que la gobernanza de estas tecnologías aún no se consolida como una prioridad estratégica.
Ante este escenario, especialistas señalan que la gobernanza de datos debe asumirse como una responsabilidad de liderazgo corporativo y no únicamente como una función técnica.

“Cuando los datos se convierten en la base de la automatización y la inteligencia artificial, la gobernanza deja de ser opcional. No se trata solo de proteger la información, sino de asegurar que los datos sean confiables y se utilicen de forma responsable en todo el negocio”, afirmó Dmitri Zaroubine, director de Ingeniería de Sistemas de Veeam para Latinoamérica.
La inteligencia artificial también puede convertirse en una herramienta para fortalecer la gestión de datos. Mediante procesos automatizados, las organizaciones pueden mejorar la clasificación de información, identificar datos sensibles y responder con mayor rapidez a auditorías o requerimientos regulatorios.
“La convergencia entre tecnologías de protección de datos y capacidades de inteligencia artificial permite fortalecer la visibilidad, el control y el uso responsable de la información a lo largo de su ciclo de vida”, señala.
En un entorno empresarial cada vez más apoyado en la automatización, expertos coinciden en que la calidad y el control de los datos serán determinantes para escalar la inteligencia artificial de forma segura. La gobernanza de datos, advierten, podría consolidarse como un elemento estratégico para sostener la innovación, reducir riesgos y fortalecer la confianza en las decisiones empresariales.

