Tras la conmemoración del Día de la Tierra, la conversación ambiental vuelve a poner sobre la mesa un reto para las empresas: pasar del mensaje simbólico a iniciativas medibles. En Colombia, Decathlon ha sembrado 2.977 árboles desde 2023, una apuesta que conecta deporte, restauración ambiental, reputación corporativa y participación ciudadana.
La sostenibilidad dejó de ser un asunto exclusivo de los reportes corporativos. Para las marcas, hoy también es una forma de construir confianza, movilizar comunidades y demostrar coherencia entre lo que prometen y lo que hacen. Esa fue una de las conversaciones que dejó el Día de la Tierra: las compañías ya no son evaluadas únicamente por sus campañas, sino por la capacidad de convertir sus mensajes ambientales en acciones concretas y verificables.
En Colombia, este debate ocurre en un momento clave. Aunque el país registró en 2024 la segunda cifra de deforestación más baja de su historia, de acuerdo con el IDEAM, los desafíos en conservación, restauración de ecosistemas y cultura ambiental siguen siendo relevantes. La protección de los bosques ya no depende únicamente de las políticas públicas. También exige la participación del sector privado, las comunidades, los consumidores y los aliados territoriales.
En ese escenario, iniciativas empresariales como las jornadas de siembra impulsadas por Decathlon Colombia muestran cómo una marca puede conectar su propósito comercial con una agenda ambiental más amplia. Desde 2023, la compañía ha sembrado 2.977 árboles en distintas regiones del país, con la participación de colaboradores, clientes y aliados estratégicos.
Del mensaje ambiental a la acción medible
El caso resulta interesante para el mundo de los negocios porque no parte de una campaña aislada. La iniciativa comenzó con la siembra de 400 árboles en la cuenca del río Bogotá, en alianza con la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca, y luego se expandió a Antioquia, Valle del Cauca, Santander y Atlántico.
En 2024, la campaña “Siembrathlon” permitió sembrar 1.550 árboles en siete jornadas realizadas junto a la Fundación Red de Árboles. Durante 2025, el programa sumó 827 árboles adicionales, consolidando una presencia regional que le da mayor solidez a la narrativa ambiental de la marca.
La lectura para el sector privado es clara: las acciones de sostenibilidad ganan valor cuando son acumulativas, medibles y sostenidas en el tiempo. En un entorno donde los consumidores son más críticos frente al greenwashing, las empresas necesitan pasar de los mensajes aspiracionales a resultados que puedan comunicarse con cifras, aliados y trazabilidad.
“Nuestra responsabilidad es clara: a medida que llevamos el deporte a más colombianos, debemos asegurar la protección del entorno que nos permite practicarlo. Lo que inició en 2023 con la siembra de 400 árboles, hoy se ha transformado en 2.977 árboles en todo el país. Somos conscientes de nuestra huella y, por ello, trabajamos para cuidar nuestro terreno de juego, garantizando que el bienestar sea accesible para todos”, afirmó Elis Ricaurte, líder de Desarrollo Sostenible e Impacto Social de Decathlon Colombia.
El deporte como territorio de sostenibilidad
El concepto de “cuidar el terreno de juego” resulta especialmente potente desde el punto de vista de mercadeo y reputación. Para una marca deportiva, la sostenibilidad no es un tema externo a su negocio. Está directamente conectada con los espacios donde las personas corren, caminan, montan bicicleta, practican senderismo o realizan actividades al aire libre.
Ese vínculo permite que la conversación ambiental no se sienta forzada. Al contrario, convierte la protección de los ecosistemas en una extensión natural de la promesa de marca. Si el deporte depende del entorno, cuidar la naturaleza se vuelve parte de la experiencia del consumidor.
Para el marketing contemporáneo, este tipo de iniciativas también evidencia un cambio de enfoque. Las marcas ya no buscan únicamente visibilidad en fechas ambientales. Buscan construir plataformas de participación que involucren a empleados, clientes y comunidades. En ese sentido, sembrar árboles no es solo una acción ambiental; también puede convertirse en una herramienta de cultura organizacional, fidelización y construcción de comunidad.
Sostenibilidad, reputación y competitividad
El caso también se conecta con una discusión más amplia: la sostenibilidad como factor de competitividad. Decathlon Group reportó en 2025, por cuarto año consecutivo, un desacoplamiento entre el crecimiento del negocio y su huella de carbono, con una reducción del 16% en emisiones absolutas desde 2021.
Este dato es relevante porque pone el foco en uno de los grandes retos empresariales de la década: crecer sin aumentar en la misma proporción el impacto ambiental. Para inversionistas, consumidores, reguladores y aliados comerciales, esa capacidad empieza a ser un indicador de gestión más que una simple declaración de intención.
En un mercado cada vez más atento a los criterios ambientales, sociales y de gobierno corporativo, las empresas que logren integrar la sostenibilidad al negocio tendrán mayores posibilidades de diferenciarse. No se trata solo de reputación. También hay implicaciones en eficiencia operativa, atracción de talento, preferencia de marca y capacidad de relacionamiento con distintos grupos de interés.
Una década decisiva hacia 2030
La conversación que dejó el Día de la Tierra también debe leerse en clave de futuro. El mundo avanza hacia 2030, año límite para varias metas de desarrollo sostenible, en un contexto en el que la restauración de ecosistemas se ha convertido en una prioridad global.
En Colombia, el reto es acelerar. Aunque existen avances en áreas como energías renovables, el Informe Anual de Avance en la Implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2024, liderado por el Departamento Nacional de Planeación, advierte que el ritmo actual aún no es suficiente para alcanzar las metas propuestas.
Por eso, las alianzas entre empresas, autoridades, organizaciones ambientales y ciudadanía serán determinantes. La restauración ambiental no puede depender de esfuerzos aislados. Requiere continuidad, inversión, medición y apropiación social.
Para las marcas, la oportunidad está en entender que la sostenibilidad ya no se comunica solo en fechas conmemorativas. Se construye durante todo el año, con programas capaces de dejar evidencia, movilizar personas y conectar con el negocio.
En ese sentido, el aprendizaje es claro: el Día de la Tierra puede pasar en el calendario, pero la exigencia permanece. Las empresas que logren convertir la conciencia ambiental en acción sostenida tendrán una ventaja reputacional y competitiva en un mercado donde los consumidores, cada vez más, esperan que las marcas no solo hablen de futuro, sino que ayuden a construirlo.

