En La Guajira, donde el viento del desierto se entrelaza con la brisa marina, se celebró el Encuentro Regional de Cocinas para la Paz, una iniciativa del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes en articulación con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El evento reunió a más de 180 participantes de los municipios de Riohacha, Manaure, Uribia (Nazareth), Maicao y Dibulla, entre cocineras tradicionales, sabedores, artesanas, niños, niñas y jóvenes.
Más que una muestra gastronómica, el encuentro fue un espacio de diálogo intergeneracional, memoria viva y reivindicación del derecho humano a la alimentación adecuada. Cada receta compartida fue testimonio de resistencia cultural y expresión de identidad territorial.
Fogones que narran la historia de un pueblo
Los municipios participantes aportaron sus sabores y saberes:
- Riohacha presentó el salpicón de cazón con arepa, arroz de camarones y chivo guisado con coco, acompañado de arroz con frijol guajiro. Los sabedores Edwin Torres, Raquel Moreno y Yorkelys Rojas compartieron relatos sobre el papel de estos platos en celebraciones y momentos cotidianos.
- Manaure destacó el shampulana’a, el friche y el arroz de pescado de cecina. Maritza Pushaina, cocinera tradicional, subrayó la dimensión espiritual de la cocina wayúu y su vínculo con la naturaleza.
- Nazareth exaltó la shapülana como símbolo de identidad. Mística Suárez, Alejandro González y Libio Simón Suárez lideraron un ejercicio que vinculó la receta con la transmisión de saberes entre generaciones.
- Maicao presentó el poi y la sopa de cabeza de chivo como expresiones de resistencia alimentaria en un contexto de migración e intercambio cultural. Albert Hernández y Ana Paredes compartieron su experiencia como portadores de tradición.
- Dibulla ofreció carne pangada con piedra y arroz de frijol guajirito con coco y ponche, platos que reflejan la riqueza agrícola y marina de la región. Adelis Mejía e Irma Padilla destacaron la cocina como acto de cuidado hacia el territorio.
Cada preparación fue más que alimento: fue relato, documento oral y práctica de resistencia frente a la homogeneización alimentaria.
Aprendizajes comunitarios y fortalecimiento territorial
El Encuentro promovió procesos pedagógicos, económicos y culturales:
- En Riohacha, las compras directas a cocineras tradicionales generaron ingresos inmediatos y revalorizaron la cocina como patrimonio vivo.
- En Manaure, los intercambios incluyeron saberes sobre semillas nativas, pesca artesanal y medicina tradicional, con un llamado a fortalecer la articulación institucional.
- En Nazareth, la preparación colectiva de alimentos reafirmó el valor del trabajo comunitario.
- En Maicao, la feria cultural del maíz visibilizó emprendimientos gastronómicos y posicionó la cocina como herramienta de defensa de la identidad.
- En Dibulla, las sabedoras lideraron procesos pedagógicos sobre semillas ancestrales, mientras expresiones artísticas como la danza en homenaje a la guara vincularon cultura y naturaleza.
Niños, niñas y jóvenes: guardianes del legado
Las nuevas generaciones tuvieron un papel protagónico:
- En Maicao, jóvenes elaboraron un video en stop motion sobre el poi, como herramienta educativa.
- En Dibulla, niños y adolescentes participaron en talleres de reconocimiento de semillas y crearon una danza en honor a la guara, ave amenazada y símbolo de identidad.
- En Riohacha y Manaure, actividades pedagógicas acercaron a los más pequeños a productos locales y recetas tradicionales.
- En Nazareth, se creó un Jayechi inspirado en la shapülana, como canto de resistencia y conciencia patrimonial.
Este componente pedagógico reafirmó que la cocina es también una herramienta de futuro.
La cocina como territorio de paz
El Encuentro Regional de Cocinas para la Paz en La Guajira trascendió lo culinario. Fue escenario de memoria, dignidad y resistencia cultural. En los fogones de los cinco municipios se encendió una llama que cocinó historias, saberes y sueños. Una llama que recuerda que la cocina es cultura, economía, identidad y, sobre todo, paz.
El programa contó con el apoyo de la Gobernación de La Guajira, la Secretaría de Cultura Departamental, las alcaldías y secretarías de Cultura de Riohacha, Dibulla, Maicao, Manaure y Uribia (Nazareth), así como del Banco de la República, sede Riohacha.

