Zambrano impulsa la paz desde el campo: 100 familias reactivan la economía rural con apoyo de FAO y ART

Ago 3, 2025

En las veredas Capaca, Cachipay, Salitral e Isla Providencia, el balido de 800 ovejas marca el inicio de una nueva etapa para 100 familias campesinas que, tras décadas de conflicto armado, apuestan por la producción ovina como motor de desarrollo, inclusión y soberanía alimentaria.

A través del proyecto Mi Vida Es el Campo, liderado por la Agencia de Renovación del Territorio (ART) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Zambrano se convierte en uno de los municipios PDET del Caribe colombiano con mayor proyección en economía rural sostenible.

De la memoria al emprendimiento: liderazgo femenino y asociatividad

Inmaculada Méndez, lideresa rural de 57 años, retornó a Capaca tras la masacre del 16 de agosto de 1999. Hoy encabeza una iniciativa comunitaria que combina producción campesina, relevo generacional y dignidad territorial.

“Volvimos, y hoy somos cerca de 300 familias que no callamos. Este proyecto es el primero que nos llega completo. Vamos a producir carne de carnero de calidad para todo el mundo”, afirma Méndez.

La entrega de 800 ovejas (700 hembras y 100 machos), junto con insumos veterinarios, herramientas, asistencia técnica y formación organizativa, marca un hito en el fortalecimiento de la cadena ovina en la región. El enfoque de género y el liderazgo de mujeres como Inmaculada son pilares del modelo.

Territorios de vida: economía rural con identidad

El proyecto en Zambrano forma parte de una estrategia nacional que acompaña a 2.200 familias en 45 municipios PDET, con el objetivo de consolidar Territorios de Vida que integren seguridad alimentaria, generación de ingresos y construcción de paz.

“Este modelo va más allá de lo económico. Promueve producción amigable con la naturaleza, empoderamiento femenino y recuperación de prácticas ancestrales”, señala Daisy del Carmen Julio, subdirectora regional de la ART en Montes de María.

Además de la producción ovina, las familias cultivan yuca, ñame, tabaco, ajonjolí, cacao, plátano y especies nativas como fríjol cabecita negra y maíz negro, fortaleciendo una cultura alimentaria propia y sostenible.

Alianzas para la transformación territorial

La iniciativa se enmarca en un convenio internacional por más de 40 mil millones de pesos, orientado a implementar actividades de desarrollo económico, derecho humano a la alimentación y fortalecimiento institucional.

“Este proyecto es la materialización de un esfuerzo colectivo con identidad de lucha, paz y cultura. Consumir estos alimentos es contribuir a la transformación de los territorios”, destaca Marcos Rodríguez, especialista senior de Agricultura Familiar y Mercados Inclusivos de la FAO.

En paralelo, se desarrolla la campaña nacional Productos con Sabor a Paz, que busca visibilizar y comercializar a precio justo la producción agropecuaria de estas zonas, consolidando economías rurales con enfoque de inclusión y equidad.

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