Avicultura colombiana: del corral a la mesa, un motor silencioso de nutrición y desarrollo

Dic 22, 2025

Por años, el pollo y el huevo han ocupado un lugar central en la dieta de los colombianos. Hoy, más que una costumbre alimentaria, son el reflejo de un sector productivo que crece, innova y sostiene buena parte de la seguridad alimentaria del país. Las cifras lo confirman: en apenas una década, el consumo per cápita de huevo pasó de 198 a 365 unidades al año, un incremento del 84 % que habla de cambios en los hábitos, pero también de una mayor disponibilidad y confianza del consumidor.

Ese aumento en el consumo ha ido de la mano de una expansión productiva notable. La producción nacional de huevo saltó de 12.000 millones a 19.500 millones de unidades anuales, consolidando a la avicultura como uno de los renglones más dinámicos de la economía agroindustrial. “El huevo se ha posicionado como una proteína completa, accesible y versátil, clave para la nutrición de hogares de todos los niveles de ingreso”, señalan analistas del sector.

Detrás de este crecimiento hay un eslabón menos visible, pero estratégico: la alimentación de las aves. La soya sostenible se ha convertido en el principal insumo de la dieta de los pollos por su alto valor nutricional. Aporta entre 35 % y 40 % de proteína, además de aminoácidos esenciales, ácidos grasos insaturados, vitaminas y minerales que inciden directamente en la calidad del producto final que llega a la mesa de los consumidores.

Colombia, sin embargo, aún depende en gran medida del mercado externo para abastecerse. En 2024 importó más de 2,49 millones de toneladas de soya, de las cuales 1,70 millones correspondieron a torta de soya, 443.542 toneladas a grano y 337.414 toneladas a aceite, según cifras del Fondo Nacional de la Soya. La producción local, cercana a las 200.000 toneladas, evidencia tanto una brecha como una oportunidad para el desarrollo agrícola interno.

Estados Unidos cumple un papel clave en este abastecimiento. Allí, familias agricultoras cultivan soya bajo esquemas de sostenibilidad que priorizan el cuidado del suelo, la biodiversidad y la reducción de emisiones. Luis Bustamante, líder de sostenibilidad para Latinoamérica de USSEC, explica que “la soya estadounidense aporta valor en toda la cadena: es un insumo

esencial para la nutrición animal y humana y se produce bajo estándares que fortalecen la resiliencia de los sistemas alimentarios”.

El impacto de la avicultura va más allá de los indicadores productivos. Genera empleo, dinamiza economías regionales y responde a uno de los grandes retos del país: garantizar alimentos suficientes y nutritivos para una población en crecimiento. En un contexto de cambio climático y presión sobre los recursos naturales, el sector avanza en un modelo que busca equilibrar productividad, sostenibilidad y bienestar social.

Así, mientras el pollo y el huevo siguen siendo protagonistas del plato diario, la avicultura se consolida como un motor silencioso que articula campo, industria y consumo, y que proyecta su importancia no solo en cifras, sino en la vida cotidiana de millones de colombianos.

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