Plataformas financieras suspendieron temporalmente comisiones para enviar dinero a cuentas bancarias y Pago Móvil, mientras Binance abrió un canal global de donaciones en USDT. La emergencia muestra cómo los pagos digitales están convirtiéndose en infraestructura de respuesta humanitaria.
Los dos terremotos que sacudieron el norte de Venezuela el 24 de junio no solo activaron una operación humanitaria internacional. También pusieron a prueba la capacidad de las plataformas financieras para movilizar recursos con rapidez, reducir costos y verificar que el dinero llegue a las personas afectadas.
El Servicio Geológico de Estados Unidos, USGS, confirmó que se trató de dos movimientos consecutivos de magnitud 7,2 y 7,5, ocurridos en el norte del país. La entidad también advirtió sobre deslizamientos de tierra y posibles afectaciones a vías y comunidades aisladas.
Ante la magnitud de la emergencia, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, IFRC, lanzó un llamamiento por 50 millones de francos suizos para atender a 300.000 personas, inicialmente en La Guaira y la Gran Caracas. La organización despachó además las primeras 17 toneladas de suministros humanitarios desde Panamá.
En paralelo, fintech, empresas de remesas, aplicaciones y plataformas de activos digitales comenzaron a habilitar mecanismos para que familiares y donantes pudieran enviar dinero directamente.
Transferencias sin comisión durante la emergencia
En los primeros días posteriores al terremoto, plataformas como Littio, Fronte, Global66, Retorna y Western Union, en alianza con SuperGiros, anunciaron la suspensión temporal de comisiones para los envíos de dinero hacia Venezuela.
Los recursos podían llegar a cuentas bancarias o mediante Pago Móvil, uno de los sistemas más utilizados en ese país. Algunas plataformas también permitieron fondear las operaciones desde Colombia a través de PSE, Nequi o Bre-B.
Varias de estas campañas finalizaron entre el 3 y el 10 de julio. Por ello, antes de realizar una operación es necesario verificar las tarifas vigentes, la tasa de cambio, los límites de envío y el tiempo estimado de entrega.
La reacción del sector tiene especial relevancia para Colombia. La Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela, R4V, reportaba 1.775.593 refugiados y migrantes venezolanos en el país a febrero de 2026, la mayor población registrada en un solo país de la región.
Esta conexión familiar y económica convierte a Colombia en uno de los principales puntos desde los cuales pueden movilizarse recursos hacia las zonas afectadas.
Donaciones mediante activos digitales
Binance Charity anunció una primera ayuda por US$3 millones, entregada mediante bonos de 20 USDT a usuarios ubicados en las regiones afectadas.
Posteriormente, la plataforma habilitó un canal para que usuarios verificados de distintos países realicen donaciones desde US$5. Los recursos se distribuirán en ayudas de hasta 20 USDT por beneficiario, con seguimiento de las transacciones en blockchain. La campaña permanecerá habilitada hasta el primero de septiembre de 2026.
Para participar, los donantes deben haber completado el proceso de verificación de identidad. Los beneficiarios, por su parte, son validados mediante mecanismos de conocimiento del cliente —KYC— y comprobación de residencia.
La ayuda se concentra en La Guaira, Distrito Capital, Miranda, Aragua, Carabobo, Falcón y Yaracuy. La distribución se realiza por orden de llegada entre los usuarios que cumplen los requisitos establecidos.
El modelo muestra una de las ventajas que las plataformas digitales buscan aportar en una emergencia: transferencias directas, identificación de beneficiarios y trazabilidad de los movimientos.
Sin embargo, también plantea limitaciones. La persona afectada necesita conexión a internet, documentación, una cuenta previamente verificada y conocimientos suficientes para utilizar o convertir el activo recibido.
No todos los canales cumplen la misma función
Para quienes desean apoyar desde Colombia, es importante diferenciar tres tipos de operación.
Una remesa familiar entrega dinero a una persona conocida y permite que el destinatario decida cómo utilizarlo. Una donación humanitaria financia la compra y distribución de alimentos, medicamentos, agua, alojamiento o insumos mediante una organización. Una transferencia en activos digitales puede agilizar el envío, pero exige verificar la plataforma, las condiciones de retiro y la forma en que el beneficiario podrá usar los fondos.
La velocidad, por tanto, no debe ser el único criterio. También deben revisarse la identidad del receptor, el costo final, la tasa de cambio, la disponibilidad efectiva del dinero y la posibilidad de hacer seguimiento.
El riesgo de fraude aumenta después de los desastres
Las emergencias suelen generar campañas falsas, suplantación de organizaciones y enlaces diseñados para obtener información financiera.
La Superintendencia Financiera recomienda ingresar directamente la dirección web de bancos y entidades, evitar enlaces recibidos por correo electrónico o redes sociales y comprobar el nombre y el número de la cuenta antes de confirmar un pago. También aconseja no compartir claves, contraseñas dinámicas ni datos de tarjetas.
En consecuencia, las personas que deseen donar deberían acudir a los sitios oficiales de las organizaciones y verificar que las cuentas, aplicaciones o campañas correspondan realmente a las entidades anunciadas.
Una nueva infraestructura para las emergencias
La respuesta al terremoto de Venezuela deja una señal para el sector financiero: las plataformas de pagos, las remesas y la tecnología blockchain ya no funcionan únicamente como servicios comerciales. En determinadas circunstancias pueden convertirse en canales complementarios de ayuda humanitaria.
El desafío para las empresas es pasar de campañas temporales a sistemas preparados para reaccionar ante futuras emergencias, con tarifas transparentes, controles de identidad, interoperabilidad y mecanismos contra el fraude.
La tecnología puede reducir el tiempo que tarda la ayuda en llegar. Pero su verdadero impacto dependerá de algo más básico: que los recursos sean seguros, utilizables y efectivamente recibidos por quienes los necesitan.

