La nueva batalla de los bancos no es gastar menos: es ser más productivos

Ago 31, 2026

Ocho de cada diez establecimientos de crédito ya utilizan inteligencia artificial y los canales digitales concentran buena parte de las operaciones financieras en Colombia. El desafío ahora es convertir esa transformación tecnológica en eficiencia y crecimiento sostenible.

La carrera tecnológica de los bancos colombianos ya no consiste únicamente en lanzar una aplicación, automatizar una operación o reducir el número de oficinas. Con buena parte del sistema financiero inmerso en procesos de digitalización, inteligencia artificial y modernización tecnológica, una nueva variable comienza a ganar peso en las decisiones de negocio: la productividad.

La discusión surge en un momento en el que las entidades enfrentan mayores exigencias regulatorias, competencia de nuevos jugadores, consumidores más digitales y un entorno financiero que continúa demandando una administración cuidadosa de costos y márgenes.

Un análisis de Deloitte plantea que los tradicionales programas de reducción de gastos —congelar contrataciones, disminuir presupuestos o aplazar inversiones— pueden generar resultados de corto plazo, pero no necesariamente resuelven problemas estructurales como la duplicidad de procesos, los sistemas tecnológicos heredados o la fragmentación de plataformas.

La alternativa, según la firma, pasa por mirar la productividad como un indicador estratégico: cuánto esfuerzo, recursos y complejidad necesita una institución para generar valor para sus clientes.

La banca colombiana ya dio un salto tecnológico

Las cifras del mercado colombiano permiten dimensionar el reto. Según la Superintendencia Financiera, en 2025 el 81 % de los establecimientos de crédito ya utilizaba inteligencia artificial en sus procesos. Además, entre 2021 y 2025 la participación de internet y las aplicaciones móviles en las operaciones financieras pasó de 35,7 % a 66,6 %.

La transformación continuó en 2026. Durante el primer trimestre, los establecimientos de crédito y las sociedades especializadas en depósitos y pagos electrónicos realizaron 6.078 millones de operaciones, de las cuales 3.568 millones fueron monetarias, por $3.153 billones. Los canales no presenciales concentraron el 84,6 % del número total de operaciones y el 69,9 % del dinero movilizado.

El fenómeno no es menor. El más reciente Reporte de Inclusión Financiera, presentado por la Superfinanciera y Banca de las Oportunidades, señala que durante 2025 el sistema financiero realizó 22.390 millones de operaciones, 11,3 % más que un año antes.

Solo las operaciones monetarias crecieron 19,1 %, hasta alcanzar 12.731 millones de transacciones. El valor total movilizado llegó a $12.029 billones, el nivel más alto de la serie histórica, y cerca de siete de cada diez transacciones monetarias ya se efectuaron mediante internet y aplicaciones móviles.

Es decir, el problema para la banca empieza a cambiar: digitalizar ya no es suficiente. Ahora es necesario demostrar que esa infraestructura tecnológica efectivamente disminuye costos, acelera procesos, mejora el servicio y permite crecer sin aumentar en la misma proporción la estructura operacional.

El riesgo de digitalizar la complejidad

Uno de los puntos centrales del análisis de Deloitte es precisamente ese. La adopción de inteligencia artificial, automatización, servicios en la nube o nuevas plataformas no necesariamente produce eficiencia cuando se incorpora sobre estructuras demasiado complejas.

Sistemas heredados, procesos duplicados, múltiples plataformas y capas administrativas pueden hacer que las organizaciones inviertan más en tecnología sin obtener un aumento proporcional en productividad.

“La transformación de costos más efectiva no consiste en hacer recortes aislados, sino en construir organizaciones más productivas”, sostiene Germán Morales, socio líder de Asesoría y Consultoría para la región Andina de Deloitte Spanish Latin America.

De allí que el debate vaya más allá de reducir empleados o cerrar oficinas. La productividad bancaria también supone identificar procesos que pueden eliminarse, automatizar tareas repetitivas, integrar sistemas y concentrar las inversiones tecnológicas en iniciativas capaces de generar resultados medibles.

Un sector sólido, pero con desafíos

La discusión se presenta además en un momento favorable para la estabilidad del sistema financiero colombiano.

En su Reporte de Estabilidad Financiera del primer semestre de 2026, el Banco de la República destacó que los establecimientos de crédito conservan niveles adecuados de capital y liquidez, mientras sus activos continúan creciendo por el comportamiento del crédito y de las inversiones en deuda pública. La rentabilidad también había mejorado, apoyada en una reducción de la morosidad.

Sin embargo, el Emisor advirtió que esa dinámica comenzó a moderarse durante el primer trimestre y podría perder fuerza durante el resto del año. A esto se suman unas condiciones financieras locales más restrictivas, incertidumbre internacional y riesgos fiscales que siguen pesando sobre las decisiones del sector.

En ese escenario, obtener más rendimiento de los recursos disponibles puede convertirse en una ventaja competitiva.

El desafío tampoco es exclusivo de la banca. Las cifras del DANE muestran que la productividad laboral por hora trabajada en Colombia apenas aumentó 0,40 % durante 2025, mientras la Productividad Total de los Factores aportó 0,75 puntos porcentuales al crecimiento del valor agregado.

De la inteligencia artificial al resultado financiero

Para los bancos, por tanto, la siguiente etapa de la transformación digital podría ser menos visible para el consumidor, pero más relevante para el negocio.

No se tratará simplemente de tener más inteligencia artificial, más aplicaciones o más automatización, sino de determinar cuánto tiempo ahorra cada herramienta, qué procesos elimina, cuánto reduce el costo de atender a un cliente y qué capacidad adicional de crecimiento genera.

José Luis Valderrama, socio líder de la industria financiera de Deloitte para la región Andina, sostiene que las entidades capaces de reducir la complejidad de sus procesos y dirigir las inversiones hacia iniciativas que mejoren el desempeño estarán mejor preparadas para fortalecer su rentabilidad y sostener el crecimiento.

En una industria en la que la digitalización ya dejó de ser un diferenciador excepcional, la productividad puede convertirse en la nueva frontera competitiva de la banca.

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