En Colombia, la diferencia de ingresos entre hombres y mujeres es apenas una parte del problema. Los datos más recientes del DANE muestran que ellas dedican mucho más tiempo al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, participan menos en el mercado laboral y tienen una tasa de ocupación considerablemente inferior.
Hablar de desigualdad salarial únicamente comparando cuánto reciben mensualmente hombres y mujeres deja por fuera una de las variables que más condiciona la trayectoria laboral femenina: el tiempo.
Un análisis de la Corporación para el Desarrollo de la Seguridad Social (CODESS), elaborado con información de la Gran Encuesta Integrada de Hogares y de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del DANE, estima que en 2025 la diferencia promedio del ingreso laboral mensual entre hombres y mujeres ocupados con ingresos positivos fue de 7,4%. Entre quienes reciben salario, la diferencia monetaria mensual se ubicó en 5,3%.
Pero la radiografía cambia cuando se incorpora todo el trabajo que ocurre fuera de la nómina.
Entre las personas ocupadas analizadas por CODESS, las mujeres destinan diariamente 3 horas y 41 minutos al trabajo doméstico y al cuidado activo, frente a una hora y 21 minutos de los hombres. Al sumar trabajo remunerado y cuidado, la carga diaria alcanza 9 horas y 11 minutos para ellas y 7 horas y 52 minutos para ellos.
Los resultados oficiales más recientes del DANE, que abarcan a la población de 10 años y más y utilizan una medición más amplia del trabajo no remunerado, profundizan esa fotografía.
Una jornada que no termina cuando acaba el empleo
La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2024-2025 encontró que 89,8% de las mujeres realiza trabajo no remunerado, frente al 65,2% de los hombres.
Entre quienes desarrollan esas actividades, ellas les dedican en promedio 7 horas y 35 minutos diarias, más del doble de las 3 horas y 14 minutos registradas por los hombres. Al sumar trabajo remunerado y no remunerado, la carga global alcanza 13 horas y 47 minutos diarios para las mujeres y 11 horas para los hombres: una diferencia de 2 horas y 47 minutos.
La distribución también revela quién asume algunas de las tareas cotidianas más intensivas. El 78,1% de las mujeres participa en el suministro de alimentos del hogar, frente al 32,8% de los hombres; en limpieza y mantenimiento del hogar, las proporciones son 70,4% y 40,6%, respectivamente.
El problema económico aparece cuando esas horas compiten con el tiempo disponible para trabajar, estudiar, capacitarse, aceptar jornadas más extensas o asumir cargos de mayor responsabilidad.
$340 billones que no aparecen en ninguna nómina
El trabajo de cuidado tampoco es económicamente marginal.
El DANE calculó que el Trabajo Doméstico y de Cuidado No Remunerado tuvo en 2024 un valor económico de $340,46 billones, utilizando el método especialista.
La cifra supera incluso el valor agregado generado ese año por el conjunto formado por comercio, reparación de vehículos, transporte, almacenamiento, alojamiento y servicios de comida, que alcanzó $318,03 billones.
Es una comparación poderosa: una actividad que no genera salario ni cotizaciones pensionales tendría, si fuera remunerada a precios equivalentes del mercado, un tamaño superior al de uno de los mayores grupos de actividades productivas de Colombia.
Las mujeres siguen realizando la mayor parte de ese aporte invisible. Las Cuentas Nacionales de Transferencia de Tiempo del DANE estimaron para 2024 que ellas dedicaban 23 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, frente a nueve horas de los hombres.
La brecha aparece incluso antes del salario
La consecuencia se observa en el mercado laboral.
Los datos más recientes disponibles del DANE, correspondientes al trimestre mayo-julio de 2026, muestran una diferencia de 23,5 puntos porcentuales en la tasa global de participación entre hombres y mujeres y de 23,7 puntos en la tasa de ocupación. La tasa de desempleo femenina también superó a la masculina en 3,3 puntos porcentuales.
Además, el 46,5% de las mujeres en edad de trabajar estaba fuera de la fuerza laboral, frente al 23% de los hombres. Entre las mujeres que no participaban del mercado laboral, el 69% se encontraba dedicado principalmente a oficios del hogar.
CODESS calcula, adicionalmente, que 6,884 millones de mujeres estaban fuera de la fuerza de trabajo por ese motivo y que solamente 21,4% de las mujeres cotizaba a pensión, frente a 29,5% de los hombres.
Por eso, una brecha salarial promedio debe interpretarse con cuidado: no mide por sí sola discriminación por igual trabajo. También refleja diferencias de ocupación, jornadas, sectores económicos, posiciones laborales y trayectorias profesionales. Pero precisamente allí aparece el problema estructural: el tiempo destinado al cuidado influye sobre buena parte de esas variables.
El asunto también llegó a las empresas
Para los empleadores, la discusión no es únicamente social.
La Ley 1496 establece en Colombia el principio de “a trabajo de igual valor, salario igual” y obliga a empresas públicas y privadas a mantener registros de cargos, funciones y remuneración discriminados por sexo. La legislación contempla además factores objetivos para determinar la remuneración, como capacidades, cualificaciones, responsabilidades, esfuerzo y condiciones de trabajo.
Eso abre una discusión gerencial más amplia. Revisar bandas salariales sigue siendo necesario, pero cerrar brechas exige observar también promociones, flexibilidad laboral, licencias parentales, oportunidades de capacitación, reintegro después de periodos de cuidado y criterios utilizados para acceder a cargos de liderazgo.
Colombia ya cuenta además con una Política Nacional de Cuidado. El CONPES 4143, aprobado en 2025, contempla 133 acciones y busca transformar hasta 2034 la manera como se distribuyen estas responsabilidades entre hogares, Estado, mercado y comunidad. En su primer año de implementación, el DNP reportó 57 acciones con doble aprobación, un avance de 33,4% frente a las metas anuales y $118.896 millones de ejecución financiera verificada.
La discusión sobre igualdad salarial, por tanto, ya no puede terminar en la nómina. Mientras millones de horas de cuidado sigan distribuyéndose de manera tan desigual, hombres y mujeres no estarán compitiendo con el mismo tiempo disponible dentro del mercado laboral.
Y para las empresas, esa desigualdad tiene una consecuencia concreta: talento que puede entrar más tarde, permanecer menos tiempo, rechazar oportunidades o abandonar su trayectoria profesional no por falta de capacidad, sino porque fuera de la oficina continúa existiendo otra jornada de trabajo.

