El aumento de los costos energéticos, las dificultades del sector agrícola y los desafíos en la infraestructura eléctrica podrían agravar las presiones económicas durante 2027.
El fenómeno de El Niño se perfila como uno de los principales riesgos para la economía colombiana durante el cierre de 2026 y comienzos de 2027. Su fortalecimiento podría encarecer los alimentos y la energía, afectar la producción agropecuaria y prolongar las condiciones de crédito costoso para hogares y empresas.
La amenaza llega en un momento especialmente sensible. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la inflación anual alcanzó 6,29% en septiembre, mientras que el Banco de la República elevó su tasa de interés de referencia a 12,25%, en un intento por contener las presiones sobre los precios.
En este contexto, un informe del equipo Econosignal de Deloitte advierte que un episodio intenso de El Niño podría generar nuevas presiones inflacionarias. Entre los escenarios analizados se contempla un impacto de hasta 3,26 puntos porcentuales adicionales sobre la inflación, dependiendo de la intensidad del fenómeno y de las condiciones económicas. Se trata de un escenario potencial, no de un incremento asegurado sobre la inflación actual.
La alerta coincide con la declaratoria oficial del fenómeno realizada por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) el pasado 8 de octubre. La entidad estima una probabilidad de 83% de que el evento mantenga una intensidad fuerte o muy fuerte hasta el primer trimestre de 2027.
Los alimentos, entre los más afectados
Uno de los principales riesgos se concentra en el sector agropecuario. La disminución de las precipitaciones y el aumento de las temperaturas pueden afectar el rendimiento de los cultivos, elevar los costos de producción y reducir la disponibilidad de alimentos.
Según el análisis de Deloitte, los escenarios más intensos podrían generar afectaciones significativas en cultivos como el café y reducir la producción de alimentos perecederos y no perecederos. El impacto estimado sobre el PIB agropecuario podría ubicarse entre 0,6 y 3,0 puntos porcentuales, dependiendo de la magnitud del evento climático.
Estas alteraciones también tendrían consecuencias para los consumidores. De acuerdo con investigaciones recogidas por la consultora, un episodio fuerte de El Niño podría elevar la inflación de alimentos en 4,65% y agregar cerca de un punto porcentual a la inflación general.
La experiencia histórica demuestra que estos riesgos no son menores. Durante episodios anteriores de El Niño, la inflación de alimentos llegó a registrar incrementos cercanos a 18,9%, aunque en ese comportamiento también intervinieron otros factores económicos.
La energía, otro frente de presión económica
El sistema eléctrico colombiano constituye uno de los principales puntos de vulnerabilidad frente a las sequías prolongadas. Su elevada dependencia de las fuentes hidroeléctricas hace que una disminución de los aportes hídricos pueda incrementar la necesidad de utilizar plantas térmicas, cuyos costos están asociados a los precios y la disponibilidad de combustibles como el gas natural.
Las cifras oficiales empiezan a reflejar las presiones sobre el mercado energético. Según XM, operador del Sistema Interconectado Nacional, en agosto de 2026 el precio promedio ponderado de la energía en bolsa alcanzó $946,6 por kilovatio hora (kWh), con un incremento de 18,7% frente a julio y de 278,2% respecto al mismo mes del año anterior.
Durante ese mes, la generación hidráulica representó 61,5% de la producción eléctrica nacional, mientras que las plantas térmicas aportaron 28,8%.
Aunque el precio de bolsa no se traslada automáticamente ni en la misma proporción a las facturas de los consumidores, su comportamiento evidencia las presiones que enfrenta el mercado mayorista.
A esto se suma el comportamiento de los embalses. XM informó que al cierre de agosto las reservas se encontraban en 79,36% de su capacidad útil, mientras los aportes hídricos acumulaban cuatro meses consecutivos por debajo de la media histórica.
El panorama plantea desafíos que van más allá de las condiciones climáticas. Schneider Electric, compañía especializada en gestión de energía y automatización, advierte que la vulnerabilidad del sistema también está relacionada con los retrasos en el desarrollo de redes de transmisión y la necesidad de modernizar la infraestructura eléctrica.
Según la empresa, estas limitaciones dificultan la incorporación de nuevos proyectos de generación solar y eólica, especialmente en regiones con alto potencial como La Guajira, que podrían contribuir a diversificar las fuentes de abastecimiento.
Esta preocupación también ha llevado a la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME) a adoptar medidas para agilizar la conexión de proyectos de energía limpia al Sistema Interconectado Nacional, con el propósito de fortalecer la confiabilidad del servicio y ampliar la capacidad de respuesta del país.
Digitalización y eficiencia, alternativas para reducir el riesgo
Frente a este escenario, el sector empresarial también podría desempeñar un papel importante en la prevención de nuevas presiones energéticas.
Schneider Electric plantea que la modernización de las redes, la automatización de procesos industriales y el uso de sistemas inteligentes de medición pueden contribuir a disminuir el desperdicio de electricidad y optimizar su utilización durante las horas de mayor demanda.
De acuerdo con estimaciones de la compañía, la aplicación de tecnologías de gestión energética podría permitir ahorros de hasta 30% de la energía desperdiciada en determinados procesos de consumo durante los períodos de mayor exigencia. Se trata de una estimación empresarial cuyo resultado depende de las condiciones y oportunidades de eficiencia de cada instalación, y no de una reducción proyectada para toda la demanda nacional.
Estas herramientas permiten que industrias, comercios y edificios ajusten sus consumos en tiempo real, identifiquen equipos que utilizan electricidad innecesariamente y distribuyan mejor sus necesidades energéticas.
“La energía más limpia, barata y segura es la que no se desperdicia”, afirmó Daniel Garrido, gerente general de la Región Andina Norte de Schneider Electric, al destacar la importancia de combinar diferentes fuentes de generación con tecnologías de control del consumo.
La compañía considera que la respuesta a los eventos climáticos no puede depender exclusivamente de la construcción de nuevas plantas de generación. También requiere acelerar las obras de transmisión y promover inversiones privadas en soluciones de eficiencia energética.
El riesgo de mantener las tasas altas por más tiempo
Las consecuencias económicas de El Niño no se limitarían al aumento de los precios de alimentos y servicios públicos. Una inflación más persistente también podría modificar las decisiones del Banco de la República y retrasar una eventual reducción de las tasas de interés.
El Emisor ya ha reconocido esta amenaza. En las minutas de su reunión de septiembre, publicadas el 5 de octubre, los miembros de la Junta Directiva advirtieron que la materialización de El Niño podría continuar presionando los precios de los alimentos y de los bienes regulados, entre ellos algunos servicios públicos.
“El fenómeno de El Niño representa uno de los principales riesgos macroeconómicos para Colombia en el corto plazo”, afirmó Daniel Zaga, socio economista en jefe de Deloitte Spanish Latin America.
El experto señaló que los efectos de los choques climáticos pueden prolongarse más allá de la duración del propio fenómeno y tener consecuencias sobre la producción, los costos energéticos y las decisiones de política monetaria.
Con una inflación que permanece por encima de la meta de 3% del Banco de la República, nuevas presiones sobre los precios podrían dificultar el alivio de las condiciones financieras, afectando el acceso al crédito, el consumo y las decisiones de inversión.
El alcance final dependerá de la intensidad y duración del fenómeno, así como de la capacidad de respuesta del país. De hecho, el Ideam ha aclarado que El Niño no significa ausencia total de lluvias y que sus efectos pueden variar considerablemente entre regiones.
Para Colombia, el desafío será evitar que un fenómeno climático se convierta en un problema económico más persistente. La protección de la producción agrícola, la diversificación energética, la modernización de las redes y el uso eficiente de la electricidad aparecen como elementos fundamentales para reducir la exposición del país.

