La reducción de plásticos de un solo uso se está convirtiendo en una variable de competitividad para el retail, la logística y las marcas de consumo. Decathlon Colombia asegura que redujo 10,84 toneladas de plástico en envases y empaques entre 2022 y 2023, como parte de su meta global de eliminar los plásticos de un solo uso para 2030.
La discusión sobre las bolsas plásticas dejó de ser exclusivamente ambiental. Para el sector empresarial, hoy también es un asunto de eficiencia operativa, cumplimiento regulatorio, reputación corporativa y transformación del modelo de consumo. En un mercado cada vez más exigente con la sostenibilidad de los productos, el desafío ya no consiste únicamente en sustituir una bolsa plástica por una de papel o por un empaque compostable, sino en lograr que los materiales duren más, circulen mejor y generen menos residuos.
El contexto global confirma la dimensión del problema. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la humanidad produce más de 430 millones de toneladas de plástico al año, y dos tercios corresponden a productos de vida corta que rápidamente se convierten en desechos. La misma entidad estima que más de 280 millones de toneladas de productos plásticos de vida corta terminan anualmente en la basura.
En Colombia, el tema también avanza por la vía regulatoria. La Ley 2232 de 2022 estableció medidas para la reducción gradual de la producción y el consumo de ciertos productos plásticos de un solo uso, lo que ha obligado a empresas de comercio, alimentos, logística y consumo masivo a revisar sus empaques, sus canales de distribución y la experiencia de compra en tiendas físicas y digitales.
En ese escenario, Decathlon Colombia presentó avances de su estrategia de reducción de plásticos de un solo uso. La compañía afirma que, entre 2022 y 2023, redujo 10,84 toneladas de plástico en envases y empaques en el país, a partir de directrices globales de ecodiseño orientadas a eliminar componentes innecesarios desde la etapa de producción. La marca también reporta el reemplazo de bolsas de envío a domicilio por empaques compostables elaborados a partir de maíz, la reducción del uso de vinipel y cinta plástica, y la incorporación progresiva de materiales reciclados y reutilizables en su centro logístico.
“Reducir el plástico de un solo uso no consiste únicamente en cambiar un material por otro. También implica repensar la manera en que consumimos y utilizamos los recursos disponibles. Una bolsa reutilizable o una bolsa de papel solo generan un mayor beneficio ambiental cuando se utilizan varias veces y se aprovechan al máximo antes de convertirse en residuos”, señaló Susana Rojas, líder de Proyectos de Sostenibilidad de Decathlon Colombia.
La afirmación resulta relevante para las empresas porque introduce un punto crítico: la sostenibilidad no depende solo del material, sino del comportamiento de uso. Una bolsa de papel, una bolsa reutilizable o un empaque compostable pueden perder parte de su beneficio si se usan una sola vez, si no se gestionan correctamente al final de su vida útil o si su producción implica mayores consumos de agua, energía o materias primas. Por eso, el nuevo estándar empresarial no está solo en “cambiar el empaque”, sino en diseñar ciclos completos: producción, distribución, reutilización, recuperación y disposición.
Los datos nacionales muestran por qué esta discusión es urgente. De acuerdo con la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios, durante 2024 Colombia dispuso 12,1 millones de toneladas de residuos sólidos en el marco del servicio público de aseo, un aumento de 2,93 % frente a 2023. A su vez, el DANE reportó que en 2023 la generación de residuos sólidos y productos residuales por habitante fue de 624 kilogramos, mientras que la tasa de reciclaje y nueva utilización llegó apenas a 10,51 %.
Esto significa que, aunque el país ha avanzado en aprovechamiento, todavía existe una brecha importante entre los residuos que se generan y los materiales que efectivamente regresan a ciclos productivos. Para los negocios, esa brecha representa riesgo y oportunidad al mismo tiempo: riesgo por mayores exigencias regulatorias, presión de consumidores e impacto reputacional; oportunidad porque la economía circular ya empieza a consolidarse como un frente económico medible.
De hecho, el DANE informó que en 2024 preliminar el valor agregado de la economía circular representó 1,53 % del PIB nacional y creció 8,04 % frente al año anterior. Las actividades terciarias —entre ellas gestión de residuos, mantenimiento, reparaciones y alquileres— aportaron 91,88 % del valor agregado circular. Este dato es clave para el público empresarial: la circularidad ya no es solo una narrativa ambiental, sino una categoría económica asociada a servicios, eficiencia, nuevas fuentes de ingreso y extensión de la vida útil de los productos.
La estrategia global de Decathlon va en esa dirección. La compañía ha señalado que está acelerando servicios de segunda vida, alquileres y reparaciones como parte de su transición hacia modelos circulares. Según su información corporativa global, las ventas circulares crecieron 10,4 % en 2024 frente a 2023 y representaron 3,15 % de los ingresos globales del grupo. Además, en 2024 se vendieron más de 1,35 millones de productos de segunda vida de Decathlon y marcas propias internacionales en el mundo.
Para Colombia, el caso deja una lectura empresarial de fondo: las marcas que logren integrar sostenibilidad, logística y experiencia de cliente tendrán una ventaja competitiva en un entorno donde el consumidor espera coherencia y donde la regulación avanza hacia la reducción de residuos. En el retail deportivo, esto implica empaques más eficientes, productos reparables, inventarios con mayor vida útil y canales capaces de promover reutilización, recompra o segunda vida.
Decathlon Colombia asegura que continuará impulsando tiendas libres de elementos desechables, insumos logísticos provenientes de fuentes renovables o recicladas e iniciativas de economía circular asociadas a reparación, alquiler y reutilización de productos deportivos. La apuesta, más que una acción puntual por el Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico, refleja una tendencia mayor: la sostenibilidad está pasando de ser un capítulo de responsabilidad corporativa a convertirse en una decisión de negocio.
En adelante, la pregunta para las empresas no será únicamente cuántas bolsas plásticas dejaron de entregar, sino qué tan capaces son de rediseñar su operación para depender menos de materiales de un solo uso, reducir costos ocultos en la cadena y construir modelos de consumo más duraderos. Ahí estará buena parte de la competitividad sostenible del comercio en los próximos años.

