El norte de Bogotá acelera su transformación urbana con nuevas vías, ciclorrutas y espacio público

Jun 1, 2026

Lagos de Torca empieza a materializar una de las mayores apuestas de infraestructura y crecimiento planificado de la capital, con obras viales, redes de servicios públicos, equipamientos, vivienda y recuperación ambiental.

El norte de Bogotá atraviesa uno de los procesos de transformación urbana más importantes de las últimas décadas. En una zona históricamente presionada por el crecimiento residencial, la congestión vial y la falta de infraestructura suficiente, el desarrollo de Lagos de Torca, en el marco del Plan de Ordenamiento Zonal del Norte, empieza a mostrar avances concretos en vías, ciclorrutas, redes de servicios públicos, espacio público y equipamientos urbanos.

El proyecto, ubicado entre las calles 183 y 245, y desde la carrera Séptima hasta la avenida Boyacá, abarca cerca de 1.800 hectáreas y se ha convertido en una de las principales apuestas de Bogotá para ordenar su expansión hacia el norte. Su alcance no se limita a la construcción de vivienda: el modelo contempla infraestructura vial, redes matrices de acueducto y alcantarillado, recuperación ambiental, parques metropolitanos, ciclorrutas, andenes, alamedas y suelo para nuevos servicios urbanos.

Uno de los frentes más visibles está en la movilidad. El desarrollo proyecta 36 kilómetros de nuevas vías de doble calzada y 140 kilómetros de ciclorrutas, además de conexiones que buscan aliviar la presión sobre corredores como la Autopista Norte, la carrera Séptima y la avenida Boyacá. Entre las obras estratégicas se encuentran la avenida El Polo, la avenida Santa Bárbara, la avenida Guaymaral y la prolongación de la avenida Boyacá hacia el norte.

De acuerdo con información divulgada por el Distrito, el Instituto de Desarrollo Urbano ha venido acompañando la ejecución de las obras que hacen parte del proyecto, entre ellas calzadas, ciclorrutas, andenes, alamedas, jardines y arborización. La administración distrital ha señalado que estas intervenciones beneficiarán no solo a los futuros habitantes del sector, sino también a residentes de Usaquén y Suba, dos localidades que concentran buena parte de la presión de movilidad del borde norte de la ciudad.

La transformación también incluye una apuesta por movilidad multimodal. Lagos de Torca contempla infraestructura para peatones y ciclistas, así como la habilitación de suelo para futuras soluciones de transporte público. Dentro del plan se proyecta un Centro de Intercambio Modal de 12 hectáreas, pensado para integrar alternativas de transporte urbano e intermunicipal, lo que podría convertir esta zona en un nodo clave de conexión entre Bogotá y la Sabana.

El desarrollo urbano viene acompañado de una fuerte intervención ambiental. El proyecto incluye la recuperación de nueve quebradas, la reconformación del humedal Torca-Guaymaral y la construcción del Parque Metropolitano Guaymaral, concebido como uno de los nuevos pulmones verdes de la ciudad. Este parque tendrá más de 170 hectáreas y funcionará como zona de amortiguación ambiental, espacio de recreación pasiva y corredor de conexión ecológica para el norte de Bogotá.

A ello se suma la construcción de redes matrices de acueducto, alcantarillado sanitario y alcantarillado pluvial. Este componente es clave porque parte de la zona norte no contaba con la infraestructura suficiente para soportar un crecimiento urbano de gran escala. La incorporación de sistemas de drenaje sostenible también busca reducir riesgos de encharcamientos e inundaciones, uno de los desafíos tradicionales de este sector de la ciudad.

“Bogotá contará con nuevas conexiones estratégicas que permitirán desahogar la movilidad del norte y mejorar la conexión ambiental. Esto no es solamente infraestructura para quienes vivirán aquí, sino una apuesta de ciudad”, señaló Alejandro Callejas, gerente general de Lagos de Torca.

El plan también contempla más de 135.000 viviendas, con una mezcla de segmentos que incluye vivienda de interés social y prioritario. La apuesta es consolidar una ciudad multiestrato, con comercio en primeros pisos, servicios cercanos, equipamientos y espacio público de calidad. En esa línea, el proyecto incorpora el concepto de “ciudad de 30 minutos”, bajo el cual los residentes podrían acceder en tiempos razonables a educación, salud, comercio, trabajo, entretenimiento y transporte.

La Secretaría Distrital del Hábitat ha destacado que Lagos de Torca contempla espacios públicos seguros, inclusivos, accesibles y verdes, así como suelo para equipamientos. Entre ellos se proyecta una nueva sede del Hospital Simón Bolívar, de escala metropolitana y regional, que fortalecería la oferta de salud para el norte de la capital.

En este contexto comienzan a desarrollarse proyectos inmobiliarios que buscan materializar esa visión urbana. Uno de ellos es Vizcaya, de Cusezar, un desarrollo de uso mixto que integra vivienda, comercio y espacios para la vida en comunidad. Con apartamentos entre 45 y 117 metros cuadrados, este tipo de proyectos muestra cómo la planeación de Lagos de Torca empieza a traducirse en oferta residencial conectada con nuevas vías, zonas verdes y servicios urbanos.

“Hoy la conversación sobre vivienda ya no empieza solamente por el apartamento, sino por la ciudad que lo rodea. Las personas buscan entornos mejor conectados, con más espacio público, naturaleza cercana, servicios y calidad de vida. Eso es precisamente lo que representa Lagos de Torca”, afirmó Adriana Montenegro, gerente comercial y de mercadeo de Cusezar.

Más que un nuevo polo inmobiliario, Lagos de Torca se perfila como una prueba para el futuro urbano de Bogotá: si la ciudad puede crecer de manera ordenada, con infraestructura antes de la ocupación masiva, con movilidad diversa, recuperación ambiental y servicios suficientes. En un momento en el que la capital necesita habilitar suelo para vivienda, pero también corregir déficits históricos de movilidad y espacio público, el norte de Bogotá empieza a convertirse en un laboratorio de planificación urbana.

El reto, sin embargo, estará en la ejecución. La escala del proyecto exige coordinación entre privados, Distrito, entidades ambientales, empresas de servicios públicos y autoridades de movilidad. Pero si las obras avanzan conforme a lo previsto, Lagos de Torca podría marcar un punto de quiebre en la manera como Bogotá expande su frontera urbana: menos improvisación, más infraestructura y una relación más equilibrada entre vivienda, naturaleza y ciudad.

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