La sostenibilidad en construcción entra a una nueva fase: menos discurso y más control operativo

Abr 9, 2026

La actualización regulatoria y la reactivación del licenciamiento de vivienda están empujando al sector a revisar cómo produce, transporta y gestiona sus materiales.

La construcción sostenible en Colombia está dejando de medirse únicamente por el diseño final de los proyectos o por la obtención de certificaciones. Cada vez más, la conversación se está trasladando a un terreno menos visible, pero decisivo para la competitividad del sector: la operación.

Ese giro coincide con dos señales recientes del mercado. De un lado, la actualización de los lineamientos de construcción sostenible con la Resolución 0194 de 2025. Del otro, la recuperación del licenciamiento, que en enero de 2026 registró un crecimiento anual de 16,5 %, impulsado por un aumento de 18,2 % en el área aprobada para vivienda. El mensaje es claro: si la actividad vuelve a tomar impulso, lo hará en un entorno con mayores exigencias en eficiencia, trazabilidad y desempeño ambiental.

En ese contexto, la sostenibilidad comienza a jugarse menos en la promesa y más en la forma como las compañías ejecutan sus procesos. La selección de materiales, la reducción del transporte, el manejo del agua, la automatización y el análisis de datos se están convirtiendo en variables centrales para reducir impacto ambiental y, al mismo tiempo, mejorar productividad.

Uno de los frentes donde más se nota esta transformación es el concreto. Aunque históricamente la sostenibilidad en obra se ha asociado a temas como eficiencia energética, urbanismo o diseño bioclimático, hoy el énfasis también está puesto en cómo se fabrica y administra uno de los materiales más usados del sector. Allí convergen costos, emisiones, calidad, tiempos de obra y desperdicio.

Algunas empresas ya están ajustando su modelo en esa dirección. Cusezar, por ejemplo, ha venido fortaleciendo una estrategia basada en concreto sostenible, integración digital y mayor control de producción, con el objetivo de hacer más eficiente su operación y reducir huella ambiental. La lógica detrás de este tipo de decisiones responde a una tendencia más amplia del mercado: llevar la sostenibilidad al núcleo del proceso constructivo y no dejarla solo en la capa final del proyecto.

Entre las medidas que empiezan a ganar terreno están el uso de materiales con menor emisión de CO₂, el desarrollo de mezclas optimizadas, la producción interna de insumos críticos y la digitalización del seguimiento operativo y administrativo. Más que un ajuste técnico, se trata de una redefinición del negocio: construir mejor ya no solo significa entregar a tiempo, sino hacerlo con mayor precisión, menos variabilidad y un consumo más inteligente de recursos.

La logística es uno de los factores que más puede cambiar esa ecuación. Reducir el transporte externo de materiales no solo disminuye emisiones, sino que mejora tiempos y fortalece el control sobre la calidad del producto en obra. En el caso de Cusezar, la compañía señaló durante el simposio “Ciudades Sostenibles: Ingeniería para el futuro urbano”, de la Universidad de La Sabana, que este componente pasará de una reducción de 65 % en 2023 a una meta de 100 % en 2026.

La descarbonización de materiales también gana protagonismo. De acuerdo con cifras compartidas por la empresa, el uso de cementos y concretos con menor huella ambiental ha permitido evitar 2.511 toneladas de CO₂, con una proyección adicional de 5.321 toneladas para 2026 y 2027. A esto se suma una proyección de ahorro de 4.224 metros cúbicos de agua mediante sistemas propios de sedimentación y recirculación en plantas de concreto.

Más allá de las cifras puntuales, el trasfondo es relevante para el sector: la sostenibilidad ya no depende solamente de grandes anuncios, sino de capacidades concretas para intervenir la operación diaria. Dosificación automática, optimización de diseños de mezcla, sensores de control térmico, reportes logísticos inmediatos y análisis de datos en tiempo real son herramientas que están ayudando a cerrar brechas de eficiencia y a reducir desperdicios.

“Hoy la competitividad en construcción no depende solo de cuánto se construye, sino de qué tan eficientemente se producen los materiales, qué tan bien se controlan los procesos y qué capacidad tiene una compañía para reducir variabilidad, desperdicio e impacto ambiental. En Cusezar estamos llevando esa visión a la operación, con una estrategia que integra sostenibilidad, productividad y tecnología desde el concreto”, afirmó Edicson García, coordinador de producción de plantas de concreto de Cusezar.

La lectura de fondo es que la construcción sostenible está entrando a una etapa más madura. En lugar de concentrarse únicamente en atributos visibles del proyecto terminado, el sector empieza a mirar su cadena de producción con una lógica más integral. La eficiencia en agua, energía y materiales deja de ser un valor agregado para convertirse en una condición de permanencia.

Esa transición también se refleja en el avance de las certificaciones. IFC reportó que Colombia alcanzó en 2025 los 20 millones de metros cuadrados de área inmobiliaria certificada con EDGE, una cifra que muestra cómo la construcción eficiente está ganando escala en el país. En ese entorno, las compañías que logren combinar desempeño ambiental con control operativo tendrán una ventaja clara en un mercado que exige resultados medibles.

Para una industria intensiva en recursos y con alta presión sobre costos, el reto ya no es solo construir más. Es construir con más inteligencia. Y en esa nueva etapa, la sostenibilidad empieza mucho antes de la entrega: comienza en la planta, en los datos, en la logística y en cada decisión técnica que define cómo se levanta una obra.

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