El desempeño económico del país sigue sin alcanzar su potencial. Aunque algunos sectores como servicios y comercio muestran señales de recuperación, tres pilares fundamentales del aparato productivo —industria, minería y construcción— están actuando como freno al crecimiento del PIB.
En los últimos años, estas tres ramas han presentado caídas consecutivas que impactan el desempeño general de la economía. La construcción de vivienda, en particular, muestra cifras negativas: a pesar del crecimiento en obras civiles, la actividad residencial registra su peor caída desde la pandemia. La baja demanda, los altos costos del crédito y la disminución en la expedición de licencias han reducido notablemente el dinamismo del sector.
En minería, la producción de carbón y petróleo continúa en declive, arrastrando consigo a la inversión en exploración y explotación. A esto se suman los conflictos sociales, la incertidumbre regulatoria y los retrasos en nuevos contratos, que han debilitado la capacidad de recuperación de esta actividad estratégica.
Por su parte, la industria tampoco logra despegar, afectada por la baja demanda interna, altos costos logísticos y una pérdida de competitividad frente a otros mercados. Aunque hay avances puntuales en algunos subsectores, el panorama general sigue siendo de estancamiento.
Las cifras muestran que, si estos tres sectores hubieran mantenido un ritmo cercano al de años previos a la pandemia, el crecimiento actual del PIB podría superar el 3 %. Sin embargo, con su bajo desempeño, el país se mantiene por debajo de su capacidad real, lo que compromete la generación de empleo, la inversión y la confianza empresarial.

