Hablamos con Greenpeace sobre las prácticas más urgentes para asumir la sostenibilidad empresarial. Ser sostenible no se trata de cumplir requisitos o venderse amigable, es cuestión de negocio.
Por Juan Sebastián Morales Correa @Juansemo
Hoy muchas Pymes crean productos con materiales sostenibles, como la piña, la berenjena o el bagazo de caña, para reemplazar insumos y ahorrar.
Hace aproximadamente 15 años la sostenibilidad comenzó a ser una realidad en Colombia. Entonces, se creó un marco legal que apretó tuercas y exigió seriedad empresarial.
Las empresas, por esos días, sembraban árboles y hacían acciones primarias, que hoy se han complementado con estrategias estructuradas en el Gobierno corporativo.
“Es importante que hoy las empresas vean cómo su bolsillo se beneficia al aplicar las prácticas de sostenibilidad, y no solo vean un simple requisito o un gasto”, indica Tatiana Céspedes, Directora de Campañas Greenpeace Colombia.
“Crear proyectos sostenibles serios, con estrategias de gobierno empresarial, seguro se traduce en ahorro mientras se cuida el planeta”, indica esta ecóloga de la Javeriana.
Las Pymes: el mejor ejemplo
Las pequeñas y medianas empresas no tienen muchas veces la capacidad de contar sus historias. Esto no solo las rezaga en ventas, sino también imposibilita que conozcamos ejemplos sustentables prácticos y replicables. Pero en ellas hay mucha sostenibilidad.
Y es que a nivel de Latinoamérica, nuestro país toma la delantera en temas sostenibles, precisamente por la operación de nuestras Pymes.
“Se relaciona a un factor monetario, de ahorro en sus procesos. Nosotros crecimos con una mentalidad de ahorrar hasta en lo mínimo, y esto está implantado en el ADN de las Pymes colombianas, que son mayoría”.
Hoy muchas Pymes crean productos con materiales sostenibles, como la piña, la berenjena o el bagazo de caña, para reemplazar insumos y ahorrar.
Las Pymes son locales, teniendo mayor identificación y arraigo a nuestro ecosistema. Céspedes señala: “piensan en cuidar el ambiente en donde trabajan, generan un progreso sustentable e incluyen nuestras especies endémicas en su labor. Que es lo que toda empresa debe hacer”.
Pero para llegar a ello, hay otro factor clave: la ética empresarial.
El ‘Greenwashing’, un gran enemigo
No todo lo que se vende como sostenible lo es. En este mundo dominado por la información, el ‘Greenwashing’ es hoy una práctica a evitar, pues burla el criterio del comprador, tapando daños sociales y ambientales.
Consiste en lo siguiente: una marca tiene una porción de sus labores o algún producto enfocado en procesos sostenibles, y en dicha acción puede efectivamente tener algún impacto positivo. Pero si investigamos a fondo, el grueso de actividades en dicha firma tienen un impacto negativo.
Es cuando dicha marca genera un despliegue de mercadeo, enfocándose en dar brillo inusitado a esa acción mínima de sostenibilidad, el momento en el que se encarna dicha práctica, pues finalmente busca negar su verdadera huella, pasando como amigable e induciendo al comprador a una percepción diferente.
Encontramos entonces marcas con hasta siete sellos de ‘sostenibilidad’, los cuales no tienen validez alguna en otro país aparte del que los expide.
“Pero ya vemos compradores más conscientes, que empiezan a castigar estas marcas”, señala la representante de Greenpeace.
Las más responsables
Recientemente se conoció el estudio Merco Responsabilidad ESG Colombia 2022, que valora a las empresas más responsables del país, evaluando su compromiso medioambiental, responsabilidad con los empleados, el compromiso social, y el comportamiento ético del gobierno corporativo
Bancolombia, Grupo Nutresa, Crepes & Waffles, Alpina y Sura, fueron elegidas como las cinco más responsables en la combinación de estos factores.
“Crear proyectos sostenibles serios, con estrategias de gobierno empresarial, se traduce en ahorro mientras se cuida el planeta”, dice Tatiana Céspedes, de Greenpeace Colombia.