El Ejército de Liberación Nacional (ELN) ha declarado un paro armado de 72 horas en el departamento de Chocó, intensificando la crisis humanitaria en la región. Las comunidades han quedado bajo amenazas y restricciones, con reportes de cierre total de vías, toques de queda forzados y amenazas contra quienes intenten salir de sus viviendas.
Desplazamientos masivos y confinamiento forzado
Ante la presión del grupo armado, cientos de familias han tenido que abandonar sus hogares, desplazándose a zonas urbanas en busca de refugio. Sin embargo, un número aún mayor de personas ha quedado atrapado en sus comunidades por el temor a represalias. El comercio, el transporte y las actividades diarias se han visto paralizados, afectando gravemente el acceso a bienes esenciales como alimentos y medicamentos.
Llamado de las autoridades y organismos humanitarios
La gobernadora de Chocó, Nubia Carolina Córdoba, ha solicitado al Gobierno Nacional la declaratoria de conmoción interior debido a la gravedad de la situación. “No podemos permitir que nuestra gente siga viviendo bajo el miedo. Necesitamos la intervención urgente del Estado para proteger a las comunidades y restablecer el orden”, afirmó la mandataria.
Organismos de derechos humanos, como Save the Children, han alertado sobre el grave impacto del paro en la niñez y la población más vulnerable. Se teme que la falta de movilidad y acceso a servicios básicos ponga en riesgo la salud y el bienestar de miles de personas, especialmente en zonas rurales donde la presencia estatal es limitada.
Respuesta del Gobierno y fuerzas de seguridad
El Gobierno Nacional ha manifestado estar monitoreando la situación y evaluando acciones para garantizar la seguridad de la población y restablecer la normalidad en la región. Se espera un pronunciamiento oficial en las próximas horas sobre las medidas a implementar, mientras las Fuerzas Militares y la Policía Nacional analizan el despliegue de operativos para desactivar el bloqueo impuesto por el ELN.
El paro armado en Chocó refleja el desafío de la seguridad en Colombia y el impacto que los grupos armados continúan teniendo sobre las comunidades, especialmente en territorios con presencia histórica del conflicto. La incertidumbre sigue creciendo en la región mientras los habitantes esperan una pronta solución que les permita retomar sus vidas sin temor.

