Del 25 de septiembre al 4 de octubre, restaurantes y cocinas ocultas de varias ciudades ofrecerán bowls 100% vegetales a precios unificados.
Durante diez días, la alimentación basada en plantas tendrá una prueba poco habitual en Colombia: competir por el apetito del público fuera de los circuitos exclusivamente veganos.
Más de 40 restaurantes y cocinas ocultas de Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y otras ciudades participarán, entre el 25 de septiembre y el 4 de octubre, en la primera edición de VegUp! Plant Based Fest, un festival descentralizado en el que cada establecimiento ofrecerá su propia interpretación de un bowl elaborado completamente con ingredientes de origen vegetal.
La apuesta tiene una particularidad: los organizadores quieren alejar la conversación de la renuncia y llevarla al terreno que finalmente determina buena parte de las decisiones gastronómicas: sabor, precio y experiencia.
“No se le cambia un hábito alimenticio a alguien regañándolo, sino dándole una experiencia tan buena que quiera repetirla”, resume Io Gómez, fundadora del restaurante vegetal RebeliOm y una de las impulsoras del encuentro.
La estrategia también pasa por el bolsillo. Los bowls participantes tendrán un precio de $21.000, con una alternativa premium de $25.000, una decisión relevante en un momento en el que comer fuera de casa continúa representando una porción importante del gasto de los hogares.
El DANE calcula que los restaurantes, cafés y establecimientos similares representan actualmente alrededor del 9,1% de la canasta utilizada para medir el Índice de Precios al Consumidor. Además, la inflación anual en Colombia se ubicó en 6,24% en agosto de 2026.
Una tendencia que empieza a competir por el menú
VegUp! no se realizará en un centro de convenciones ni en una feria gastronómica tradicional. Los platos estarán disponibles directamente en los establecimientos participantes y mediante sus canales de domicilio.
Ese modelo busca insertar la alimentación vegetal en el consumo cotidiano, más que convocar exclusivamente a consumidores que ya se identifican como veganos o vegetarianos.
Y allí puede encontrarse una de las oportunidades interesantes para el negocio gastronómico.
El sector del comercio, transporte, alojamiento y servicios de comida creció 2,2% durante el segundo trimestre de 2026 frente al mismo periodo de 2025 y aportó 0,5 puntos porcentuales al crecimiento de la economía colombiana, según el DANE. En el acumulado del primer semestre, este conjunto de actividades avanzó 2,6%.
Para restaurantes sometidos simultáneamente a presión por costos, competencia y cambios en las preferencias de los clientes, ampliar el menú hacia alternativas vegetales puede funcionar no solo como declaración ambiental, sino como herramienta para atraer nuevos públicos.
La primera edición del festival estará dedicada a los bowls, entendidos como platos completos que combinan vegetales, fuentes de proteína vegetal, carbohidratos y salsas. Posteriormente, la organización contempla ediciones alrededor de hamburguesas, pizzas, cocina colombiana, gastronomía internacional y repostería.
La alimentación también entró en la discusión climática
El auge de estos productos tiene detrás una discusión que supera las tendencias culinarias.
El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) estima que en 2018 el sistema alimentario mundial fue responsable de aproximadamente 31% de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero, incluyendo producción agrícola, cambios en el uso del suelo, procesamiento, distribución, consumo y residuos.
El organismo identifica precisamente el aumento de la proporción de proteínas de origen vegetal dentro de la dieta como una de las alternativas capaces de disminuir la huella de gases de efecto invernadero y reducir la presión sobre el uso de la tierra.
La evidencia académica ayuda a dimensionar las diferencias, aunque estas varían considerablemente según qué alimentos se comparen y cómo sean producidos.
Un estudio de la Universidad de Oxford publicado en Nature Food, que analizó información dietaria de más de 55.000 personas junto con datos ambientales provenientes de 38.000 fincas en 119 países, encontró que la huella de gases de efecto invernadero de las dietas veganas equivalía aproximadamente al 25% de la registrada entre consumidores con alto consumo de carne. Un resultado similar apareció en utilización de tierra.
El dato es más preciso que afirmar simplemente que cualquier alimento vegetal es necesariamente sostenible: origen, producción, procesamiento, transporte y desperdicio siguen importando.
Salud: vegetal no significa automáticamente saludable
También conviene hacer una distinción gastronómica y nutricional.
Un producto puede ser 100% vegetal y, aun así, contener cantidades elevadas de sodio, azúcares, grasas o ingredientes altamente procesados. Por eso, el crecimiento de la categoría no debería confundirse automáticamente con alimentación saludable.
La Organización Mundial de la Salud sostiene que una dieta sana puede adoptar distintas formas, pero debe basarse en adecuación, equilibrio, moderación y diversidad. La entidad destaca la evidencia favorable de patrones ricos en cereales integrales, verduras, frutas, legumbres y frutos secos para disminuir el riesgo de enfermedades no transmisibles.
En Colombia, el Ministerio de Salud recomienda igualmente incrementar el consumo de frutas y verduras e incorporar regularmente leguminosas como fríjol, lenteja y garbanzo dentro de una alimentación variada.
Por eso, posiblemente el desafío más interesante del plant-based para la gastronomía no sea imitar productos de origen animal, sino aprovechar ingredientes que ya forman parte de la cocina colombiana: fríjoles, lentejas, garbanzos, maíz, plátano, yuca, papa, frutas, semillas y una enorme diversidad de vegetales.
La prueba definitiva estará en el plato
VegUp! Fest es impulsado junto con Plant Based Treaty y Sinergia Animal y surge como continuación de una iniciativa gastronómica que durante más de una década promovió este tipo de alimentación en Colombia.
Pero más allá de las cifras ambientales y las discusiones sobre salud, sus organizadores parecen haber identificado correctamente una condición esencial para que la categoría crezca: la sostenibilidad puede llevar al consumidor hasta la puerta del restaurante, pero el sabor será el que determine si regresa.
Entre el 25 de septiembre y el 4 de octubre, esos más de 40 establecimientos tendrán precisamente esa prueba.
Si consiguen que un consumidor que habitualmente come carne elija un bowl vegetal porque le parece atractivo —y no porque sienta que está cumpliendo una obligación ambiental—, el plant-based habrá dado un paso bastante más importante para la gastronomía colombiana: dejar de ser una categoría para convencidos y empezar a competir por el gusto del consumidor común.

