Con 76% de su desarrollo ejecutado, cerca de 30.000 habitantes y una planeación que comenzó hace casi dos décadas, La Felicidad avanza hacia sus últimas etapas.
La construcción de ciudad no empieza cuando se levanta el primer edificio. Antes deben definirse las vías, los parques, los servicios públicos, los equipamientos y la forma en que miles de futuros habitantes se relacionarán con su entorno.
Ese principio ayuda a explicar la evolución de La Felicidad, uno de los desarrollos urbanos de mayor escala del occidente de Bogotá, que después de casi dos décadas de planeación y construcción entra en una nueva etapa.
El proyecto comenzó a estructurarse en 2007 y su Plan Parcial fue adoptado oficialmente en 2008. Hoy alcanza aproximadamente 11.800 viviendas construidas y entregadas, cerca de 30.000 habitantes y 76% de ejecución.
Cuando culmine su desarrollo, la proyección contempla 15.300 viviendas para más de 50.000 personas, dentro de un territorio de 109,2 hectáreas.
Las cifras permiten mirar La Felicidad más allá de un conjunto de proyectos inmobiliarios. El verdadero experimento urbano consiste en desarrollar simultáneamente vivienda, movilidad, espacio público, comercio, educación, recreación y servicios para conformar una nueva pieza de ciudad.
Una ciudad pensada antes de ser construida
A diferencia del crecimiento urbano que ocurre lote por lote y termina obligando posteriormente a resolver problemas de movilidad, espacio público o equipamientos, un plan parcial permite ordenar previamente el territorio.
El Decreto 147 de 2008, mediante el cual Bogotá adoptó oficialmente el Plan Parcial La Felicidad, definió precisamente aspectos como estructura vial, espacio público, zonas verdes, equipamientos colectivos, servicios públicos y distribución de cargas y beneficios urbanísticos.
Esa planificación empieza a hacerse visible después de años de desarrollo.
La Felicidad proyecta 25 hectáreas de zonas verdes, alrededor de 22 kilómetros de malla vial y ocho equipamientos dotacionales. En el sector ya funcionan, entre otros, el Colegio La Felicidad y el Centro Deportivo La Felicidad, junto con comercio, oficinas y servicios.
Su ubicación también resulta estratégica: está entre las calles 13 y 23 y las avenidas Boyacá y Agoberto Mejía, con conexión hacia el Aeropuerto El Dorado, la Terminal de Transporte Salitre, zonas industriales, centros empresariales y equipamientos metropolitanos como el Parque Simón Bolívar y el Jardín Botánico.
Es esa combinación la que convierte al desarrollo en un caso interesante para analizar cómo debería crecer Bogotá: no construyendo únicamente viviendas, sino creando condiciones para que las personas puedan resolver una mayor parte de su vida cotidiana dentro de su propio entorno urbano.
El parque será una de las piezas centrales
Uno de los proyectos que terminará de darle forma a esa visión será el Parque Central La Felicidad, cuya entrega está prevista para el primer semestre de 2027.
Tendrá aproximadamente siete hectáreas e incorporará una ciclorruta cercana a 1,5 kilómetros, sendero de trote de 980 metros, espacios deportivos, zonas infantiles, áreas para mascotas, bosque urbano, huerta y nuevos espacios de permanencia.
También están previstas nuevas obras de infraestructura desde comienzos de 2027.
Entre ellas figuran el tablero sur del puente vehicular de la Avenida Ferrocarril sobre la Avenida Boyacá, con tres carriles y un ciclopuente peatonal, así como la continuidad de la ciclorruta de la Avenida Boyacá y nuevas conexiones entre las avenidas Boyacá y Ferrocarril.
El avance de estas obras será determinante porque uno de los mayores desafíos de cualquier gran desarrollo inmobiliario es evitar que el crecimiento de la población avance más rápido que la infraestructura necesaria para movilizarla y atenderla.
639 nuevas viviendas abren otra etapa
En ese contexto llegan Strata y Tessera, dos proyectos No VIS desarrollados por Cusezar junto con Inversiones Inmobiliarias Vendôme que sumarán otras 639 viviendas.
La llegada tiene un significado particular porque Cusezar estuvo vinculada a las primeras etapas de La Felicidad mediante proyectos como La Cascada, El Valle, La Cumbre y La Sierra.
Ahora regresa a un territorio muy distinto al de hace más de una década: más consolidado, con residentes permanentes, oferta comercial, servicios y una infraestructura urbana considerablemente más desarrollada.
Strata aportará 387 apartamentos y Tessera otros 252. Más allá de las características inmobiliarias de cada proyecto, su importancia para el desarrollo está en que forman parte de las últimas manzanas previstas dentro de esta fase de La Felicidad.
“No basta con preguntarnos dónde van a vivir las personas; tenemos que preguntarnos cómo queremos que vivan”, señala Daniel Haime, presidente de Inversiones Inmobiliarias Vendôme, al explicar la lógica que ha orientado el proyecto.
La idea resume uno de los mayores debates actuales alrededor de la vivienda: una buena ciudad no termina en la puerta del apartamento.
La verdadera prueba llegará con la consolidación
Después de casi 18 años, La Felicidad permite evaluar algo que difícilmente puede medirse cuando un desarrollo apenas comienza: qué ocurre cuando la planeación urbana tiene tiempo suficiente para convertirse en ciudad real.
Las viviendas ya están habitadas. Los colegios reciben estudiantes. El comercio funciona. Se han construido vías y equipamientos, mientras nuevos parques e infraestructura siguen pendientes de ejecución.
Ahí estará también la prueba definitiva del modelo.
El éxito de un macrodesarrollo no puede medirse únicamente por el número de apartamentos vendidos o construidos. También debe evaluarse por la calidad del espacio público, los tiempos de desplazamiento, la disponibilidad de servicios, la conectividad, la convivencia y la capacidad del territorio para adaptarse a nuevas necesidades.
Con 76% del proyecto ejecutado y nuevas inversiones en camino, La Felicidad entra ahora en la etapa en que dejará de ser principalmente un desarrollo inmobiliario para terminar de consolidarse como un fragmento de ciudad.
Y esa transición puede ofrecer lecciones importantes para Bogotá: frente a una capital que necesita seguir creciendo, el desafío no consiste solamente en encontrar dónde construir más viviendas, sino en garantizar que alrededor de ellas exista todo lo necesario para vivir mejor.

