Durante décadas, El Salvador ha dependido únicamente de enlaces terrestres para conectarse a Internet con el resto del mundo. Esa condición, poco visible para el ciudadano común, ha sido uno de los principales cuellos de botella para la resiliencia digital del país. Esa realidad comienza a cambiar. La Superintendencia General de Electricidad y Telecomunicaciones (SIGET) anunció la selección de Liberty Networks para diseñar, construir y operar el primer cable submarino internacional salvadoreño, una infraestructura largamente esperada y considerada estratégica para el desarrollo nacional.
El sistema, de aproximadamente 1.800 kilómetros de longitud, conectará directamente al país con los principales nodos internacionales de telecomunicaciones, incrementando de forma sustancial la capacidad de transmisión de datos y reduciendo la vulnerabilidad ante fallas regionales. Actualmente, los 6,3 millones de habitantes dependen de rutas terrestres que atraviesan países vecinos, lo que limita tanto la velocidad como la estabilidad del servicio.

Para expertos del sector, el impacto va más allá de la conectividad cotidiana. “Este proyecto no solo amplía el ancho de banda; redefine la posición de El Salvador dentro del mapa digital de la región”, explica Ray Collins, vicepresidente sénior de Infraestructura y Estrategia Corporativa de Liberty Latin America. “Es una base crítica para impulsar crecimiento económico, innovación tecnológica y nuevas oportunidades”, afirmó el ejecutivo.
La elección de Liberty Networks no es menor. La compañía opera cerca de 50.000 kilómetros de cable submarino de fibra óptica y 17.000 kilómetros de redes terrestres en más de 30 países de América Latina y el Caribe, además de sistemas regionales clave como ARCOS-1 y MAYA-1. Esa experiencia fue determinante para SIGET, que busca garantizar no solo la construcción, sino la operación confiable a largo plazo de la infraestructura.
Desde una perspectiva regulatoria, el proyecto marca un punto de inflexión. La ausencia histórica de una salida submarina directa ha sido señalada reiteradamente por analistas como un riesgo estructural para la continuidad de servicios digitales, especialmente en un contexto de creciente digitalización del comercio, la educación y los servicios públicos.
El cronograma prevé que el cable entre en operación en el segundo semestre de 2028, mientras se define el socio tecnológico encargado del sistema. Aunque la inversión no ha sido revelada, especialistas coinciden en que se trata de una de las apuestas más relevantes en infraestructura digital en la historia reciente del país.
Más que una obra de ingeniería, el primer cable submarino salvadoreño representa un cambio de era: el paso de un país conectado por extensión a uno integrado de forma directa a la economía digital global.

