La variabilidad climática y los eventos extremos, como sequías, inundaciones y tormentas, están afectando negativamente todas las dimensiones de la seguridad alimentaria en América Latina y el Caribe. Según el Panorama Regional de Seguridad Alimentaria y Nutrición 2024, publicado hoy por cinco agencias de la ONU, estos fenómenos han reducido la productividad agrícola, alterado las cadenas de suministro y aumentado los precios de los alimentos, comprometiendo los avances en la lucha contra el hambre y la malnutrición.
La región ocupa el segundo lugar a nivel mundial en exposición a eventos climáticos extremos, después de Asia. De los 27 países analizados, el 74% enfrenta alta frecuencia de estos eventos, mientras que el 52% es particularmente vulnerable debido a los impactos en la subalimentación. Además, la región sigue enfrentando desafíos estructurales como desigualdad, acceso limitado a dietas saludables y entornos alimentarios poco sostenibles.
Colombia: impacto de los eventos climáticos extremos
Entre 2021 y 2023, la subalimentación afectó al 4,2% de la población colombiana (2,2 millones de personas), situándose por debajo del promedio regional del 6,6%. Sin embargo, la inseguridad alimentaria moderada o grave alcanzó el 30,7% (16,3 millones de personas), superando la media mundial del 29%. Las comunidades rurales y las mujeres han sido las más afectadas, agravando las desigualdades existentes.
El informe también destaca la importancia de las acciones anticipatorias frente a eventos como el fenómeno de El Niño, que ha causado significativas pérdidas económicas y afectaciones en los medios de vida. La implementación del modelo de acción anticipatoria por la FAO en Colombia, en alianza con el Ministerio de Agricultura, ha permitido a 25.000 familias de regiones como La Guajira, Cesar y Chocó enfrentar estos desafíos, logrando un retorno de USD 14,53 por cada dólar invertido.
Reducción del hambre e inseguridad alimentaria en la región
En 2023, el hambre afectó a 41 millones de personas en América Latina y el Caribe, una disminución de 2,9 millones respecto a 2022. Sin embargo, persisten disparidades entre subregiones: mientras el hambre alcanzó el 17,2% en el Caribe, se mantuvo en el 5,8% en Mesoamérica. La inseguridad alimentaria también mostró avances, con 19,7 millones menos de personas afectadas en comparación con 2022.
Este progreso está relacionado con la recuperación económica postpandemia, programas de protección social y políticas que mejoraron el acceso a alimentos en países de América del Sur.
El desafío de la malnutrición y el acceso a dietas saludables
El informe destaca que el 36,6% de la población colombiana (19 millones de personas) no pudo acceder a una dieta saludable en 2022, pese a que el costo promedio en Colombia (4,13 dólares PPA diarios) fue inferior al regional (4,56 dólares PPA). Además, la malnutrición sigue siendo un reto: el sobrepeso afecta al 8,6% de los niños menores de cinco años en la región, superando el promedio global del 5,6%.
Recomendaciones para construir resiliencia
Agustín Zimmermann, representante de la FAO en Colombia, subraya la importancia de fortalecer los sistemas de alerta temprana y promover modelos de producción sostenible. También recomendó ampliar los seguros agropecuarios, fomentar la articulación interinstitucional y promover circuitos cortos de comercialización para aumentar la demanda local de alimentos.
En palabras de Mario Lubetkin, Subdirector General de la FAO, “la resiliencia de los sistemas agroalimentarios es clave para anticipar, prevenir y adaptarse a los riesgos climáticos, garantizando la seguridad alimentaria y la nutrición en el largo plazo”. Las inversiones en prevención y sostenibilidad son fundamentales para enfrentar los retos climáticos y construir un futuro más equitativo y seguro para la región.

