Un informe global de Deloitte muestra que el trabajo flexible, el equilibrio entre la vida personal y laboral, y los entornos seguros ya no son atributos deseables, sino factores decisivos para la retención, la productividad y la satisfacción del talento femenino.
La discusión sobre talento ya no pasa solo por salario, ascensos o beneficios tradicionales. En un entorno laboral cada vez más exigente, la flexibilidad se está consolidando como una de las variables más influyentes en la permanencia de las mujeres dentro de las organizaciones.
Esa es una de las principales conclusiones de la quinta edición del informe Mujeres en el trabajo: Una perspectiva global, elaborado por Deloitte con base en la opinión de 7.500 mujeres de 15 países. El reporte muestra que 43% de las encuestadas valora especialmente el apoyo organizacional para su desarrollo profesional, 37% considera clave la modalidad híbrida, 32% destaca la importancia de no extender la jornada laboral y 28% prioriza contar con espacios física y psicológicamente seguros.
Más que una preferencia, la flexibilidad aparece como un criterio de permanencia. Cerca de cuatro de cada 10 mujeres la identifican como uno de los principales habilitadores de su éxito profesional, y el estudio señala que la posibilidad de tener mayor control sobre cuánto trabajar es un factor relevante entre quienes proyectan permanecer más de cinco años en una misma empresa. Su ausencia, en cambio, puede convertirse en una razón para renunciar, cambiar de cargo o buscar otro empleador.
El hallazgo tiene especial peso en momentos en que las compañías intentan reconstruir lealtad en medio de nuevos modelos de trabajo. Según el informe, 52% de las mujeres trabaja de manera presencial, 37% bajo modalidad híbrida y 11% en remoto, lo que confirma que la discusión ya no está centrada únicamente en dónde se trabaja, sino en qué tan sostenible resulta la experiencia laboral.
Roberto Estrada, socio de Capital Humano de Deloitte, sostiene que «las oportunidades de desarrollo, el trabajo flexible y el equilibrio entre lo profesional y lo personal son algunos de los aspectos que más inciden en la decisión de permanecer en una organización. El reporte agrega que, cuando estas condiciones existen, las mujeres reportan mejoras en su bienestar mental, mayor productividad y más satisfacción laboral».
Pero el informe también deja al descubierto la otra cara del problema. Para 30% de las encuestadas, la principal razón para pensar en dejar su empleo es la falta de equilibrio entre la vida personal y laboral. Además, al menos cuatro de cada 10 afirman no sentirse apoyadas por sus empleadores al intentar compatibilizar sus responsabilidades del trabajo con sus compromisos externos.
Ese desbalance se agrava por factores estructurales. El reporte indica que las mujeres continúan asumiendo una proporción mayor de las cargas del hogar. Entre quienes viven con su pareja, apenas 14% asegura compartir por igual la gestión de las finanzas y solo 27% dice repartir de forma equitativa el cuidado infantil. Esa realidad no solo afecta el tiempo disponible, sino también las decisiones de carrera y la autonomía económica.
La investigación suma otras alertas para las empresas. Casi 47% de las mujeres tiene como principal preocupación su seguridad financiera futura, mientras que 33% se declara muy o extremadamente preocupada por su seguridad personal en el trabajo, una percepción asociada en parte a experiencias de acoso o incomodidad con colegas y clientes.
A eso se añade una presión menos visible, pero igual de determinante: la llamada carga mental. Un 22% considera demasiado alta esta “carga invisible”, vinculada al esfuerzo cognitivo y emocional que implica gestionar el hogar mientras se responde a las exigencias laborales. El estudio relaciona esta situación con menores niveles de bienestar, productividad y lealtad, así como con una menor intención de aspirar a posiciones de alta dirección.
El mensaje para el sector empresarial es claro. La retención del talento femenino no depende únicamente de abrir oportunidades, sino de construir condiciones reales para que esas oportunidades sean sostenibles. Flexibilidad, seguridad, respeto por el tiempo personal y una cultura de apoyo dejaron de ser atributos reputacionales para convertirse en variables de negocio.
En un mercado donde atraer y conservar talento es cada vez más difícil, las empresas que entiendan esta transformación tendrán una ventaja concreta. Las que no lo hagan seguirán enfrentando una fuga silenciosa de mujeres que no necesariamente se van por falta de ambición, sino por falta de condiciones para sostenerla.

