Informe advierte que atraer capital ya no basta: el desafío está en lograr que la inversión genere empleo, productividad y desarrollo sostenible
La inversión extranjera directa (IED) en América Latina creció un 7,1 % durante 2024, pero expertos advierten que el verdadero desafío para países como Colombia ya no está en atraer más capital, sino en garantizar que este se traduzca en productividad, empleo y desarrollo económico sostenible. Así lo señala el más reciente informe de OBS Business School, elaborado por el profesor Jaime Martínez Tascón, que pone el foco en la calidad de la inversión y no únicamente en su volumen.
Colombia aparece como uno de los mercados más relevantes de la región junto con México, Brasil, Chile y Argentina. Estos cinco países concentran más del 80 % de los flujos de inversión hacia América Latina, lo que evidencia una fuerte concentración geográfica y una competencia cada vez más intensa por captar capital estratégico.
El informe explica que, aunque la región mantiene un papel estratégico como destino de inversión, especialmente en sectores vinculados a la transición digital y energética, no toda inversión genera el mismo efecto sobre las economías locales. La diferencia radica en si esa inversión logra integrarse al tejido productivo mediante empleo, transferencia tecnológica y encadenamientos con proveedores nacionales.

“Hoy la inversión es más selectiva, más sensible al riesgo y más enfocada en proyectos de gran escala, especialmente en áreas como tecnología, datos y transición energética”, afirma Jaime Martínez Tascón.
Esta realidad obliga a Colombia a replantear su estrategia. Sectores como energía, infraestructura y servicios siguen siendo atractivos para los inversionistas internacionales, pero factores como la estabilidad regulatoria, la seguridad jurídica y la capacidad de ejecución se han convertido en condiciones determinantes para atraer inversión de calidad y no solo flujos financieros de corto plazo.
Otro aspecto clave señalado por el informe es la diferencia entre los proyectos “greenfield” —aquellos que crean nuevas operaciones productivas— y las fusiones o adquisiciones empresariales. Mientras los primeros suelen generar mayor empleo y desarrollo local, las segundas pueden tener un impacto más limitado si no están acompañadas de transformación productiva.
“El verdadero desafío para Colombia no es cuánto capital llega, sino qué tipo de inversión se está atrayendo y cómo se integra en la economía”, sostiene el análisis de OBS Business School.
A nivel internacional, Europa también está redefiniendo su visión sobre la inversión extranjera. La Unión Europea representa cerca del 40 % del stock total de inversión extranjera en América Latina, pero más de 20 países europeos han fortalecido sus mecanismos de control sobre inversiones en sectores estratégicos como tecnología, energía y datos.
“La inversión extranjera ya no se evalúa únicamente por su volumen, sino por su impacto en la soberanía económica y tecnológica de los países receptores”, señala Martínez. Y agrega: “Europa busca equilibrar la apertura al capital con la protección de sus sectores críticos”.
Este contexto global plantea una oportunidad importante para América Latina y especialmente para Colombia: consolidarse como un socio clave en la transición verde y digital. Sin embargo, para lograrlo será necesario fortalecer marcos regulatorios más predecibles, impulsar proyectos de alto valor agregado y construir una visión de largo plazo.
La conclusión es clara: en el nuevo mapa económico mundial, atraer inversión extranjera ya no será suficiente. La verdadera medida del éxito estará en la capacidad de convertir ese capital en desarrollo real, sostenible y competitivo para el país.

