El recaudo tributario de grandes contribuyentes, la presión de las tasas de interés y la solidez reciente del peso son algunos de los factores que definen el pulso económico de abril, en un entorno internacional todavía incierto.
Abril es un mes clave para leer el verdadero estado de la economía colombiana. En un contexto de moderación del crecimiento, presiones inflacionarias persistentes y un escenario internacional más volátil, el país enfrentará en las próximas semanas una combinación de factores que puede incidir sobre el consumo, las finanzas públicas, el crédito y la tasa de cambio. Así lo advierte el más reciente análisis económico de DAVIbank, que identifica cinco variables determinantes para seguirle la pista al desempeño del mes.
Una de las primeras señales está en los datos de actividad. El año comenzó con un arranque más débil de lo esperado y, para enero, el Indicador de Seguimiento a la Economía creció 1,5% anual, el menor ritmo desde abril de 2025. A esto se sumó la contracción de los sectores primarios y secundarios, mientras los servicios también mostraron una pérdida de dinamismo. En este escenario, Semana Santa se conviertió en un termómetro relevante, pues aunque suele impulsar actividades como hotelería, transporte y comercio, también reduce el ritmo de sectores como la manufactura debido al menor número de días hábiles. En 2026, además, su efecto estadístico se repartirá entre marzo y abril, lo que podría alterar la lectura de los resultados del primer y segundo trimestre.
A la par, abril es decisivo para las finanzas del Gobierno. Entre el 13 y el 24 del mes se realizará el recaudo de la segunda cuota del impuesto de renta y complementarios para grandes contribuyentes, una temporada que tiene un peso significativo dentro de los ingresos tributarios del año. Según el análisis, esta ventana representa entre 7% y 7,5% de los impuestos internos recolectados por la DIAN, y al sumarse con los pagos de mayo y junio puede llegar a concentrar entre 55% y 60% del recaudo anual por cuotas de renta en esa categoría. En medio de una menor dinámica de recaudo observada entre noviembre y marzo y de mayores necesidades de financiamiento doméstico, esta entrada de recursos será observada con atención por el mercado.
El panorama fiscal tampoco luce exento de desafíos. El Plan Financiero 2026 del Ministerio de Hacienda proyecta para el Gobierno Nacional Central un crecimiento nominal de 6,5% en los ingresos y de 0,9% en los gastos, con una meta de déficit fiscal de 5,1% del PIB. Aunque el objetivo está planteado, el mercado ya lo percibe como exigente, lo que mantiene viva la discusión sobre la sostenibilidad de las cuentas públicas en un entorno de menor holgura.
Otro foco de atención está en las tasas de interés y su impacto sobre el crédito. De acuerdo con el reporte, tras las alzas registradas en marzo por parte del Banco de la República, en abril podría mantenerse esa tendencia. La combinación de una economía que pierde algo de velocidad, pero que todavía enfrenta presiones inflacionarias, obliga a hogares y empresas a tomar decisiones más cautelosas sobre endeudamiento, liquidez y ahorro. El comportamiento reciente de la cartera muestra que aún existe dinamismo, con un crecimiento cercano a 8% nominal anual en consumo y una aceleración de 12% nominal en la cartera hipotecaria, su mejor ritmo desde mediados de 2023. La pregunta ahora es cuánto podrá sostenerse ese desempeño si el costo del dinero sigue elevado y el sector público mantiene una alta demanda de recursos.
En el frente cambiario, el peso colombiano ha mostrado una fortaleza poco común en medio de la volatilidad global. El dólar se ha movido entre $3.600 y $3.800, lo que ha convertido a la moneda local en una de las más fortalecidas de 2026. Entre las razones que explican este comportamiento están las tasas de interés locales, que siguen siendo atractivas para inversionistas extranjeros, la señal de política monetaria del banco central y una prima por riesgo fiscal que, paradójicamente, también ha captado atención en un mundo donde varios bancos centrales han optado por mantener sus tasas estables. A esto se suma el efecto estacional de abril, cuando muchas empresas convierten dólares a pesos para atender sus obligaciones tributarias, lo que suele jugar a favor de la moneda colombiana.
El panorama internacional añade una capa extra de cautela. El reporte advierte que abril también será decisivo para medir el efecto de las tensiones geopolíticas sobre las proyecciones globales. Tras el inicio de la guerra en Irán, los mercados han comenzado a descontar un escenario en el que la economía mundial podría debilitarse, mientras la inflación repunta por el encarecimiento del petróleo y de algunos insumos agrícolas. Este contexto reduce el margen para que los bancos centrales recorten tasas en el corto plazo y refuerza una actitud más prudente entre los inversionistas. En este marco, la próxima publicación de la Perspectiva Económica Global del FMI será uno de los hitos más seguidos del mes.
Más que un mes de rutina, abril aparece así como un punto de inflexión para calibrar el tono de 2026. El cruce entre actividad económica, recaudo, costo del crédito, tasa de cambio y entorno global permitirá saber si la economía colombiana logra sostener el equilibrio entre estabilidad financiera y recuperación productiva, o si, por el contrario, empieza a acumular nuevas señales de fragilidad.

