La ruta invisible de los alimentos encarece la mesa de los bogotanos

Abr 23, 2026

Más del 94 % de los alimentos que llegan a Bogotá entra por un solo punto, mientras las fallas logísticas elevan precios, aumentan el desperdicio y profundizan el impacto ambiental.

Cada alimento que llega a la mesa de un bogotano recorre una extensa cadena de producción, transporte e intermediación que no solo define su precio final, sino también su impacto sobre el medioambiente. En el marco del Día de la Tierra, expertos y entidades regionales advierten que mejorar la logística alimentaria es clave para reducir costos, evitar desperdicios y proteger los recursos naturales.

Bogotá depende en un 88 % del abastecimiento regional para garantizar la alimentación de sus habitantes, según cifras del SIPSA-DANE. De ese total, el 42 % proviene de Cundinamarca y otro 46 % llega desde departamentos como Boyacá, Meta, Tolima y Huila. Sin embargo, más del 94 % de los alimentos comercializados en la capital ingresa por Corabastos, principal central mayorista de la ciudad, lo que genera un fuerte cuello de botella logístico .

“El sistema actual funciona como un embudo”, advierte el informe de la campaña #SomosDeLaTierra. La concentración de la distribución obliga a muchos productos a salir de sus territorios de origen, desplazarse hasta la periferia de Bogotá para ser procesados y, en muchos casos, regresar por los mismos corredores para su consumo final, aumentando costos y huella de carbono .

Durante 2025, el movimiento de alimentos en Bogotá alcanzó 2,49 millones de toneladas, equivalente a 347,1 kilogramos por habitante al año. Esta cifra refleja no solo el consumo urbano, sino también el papel de la capital como nodo estratégico de redistribución hacia otras regiones del país.

La fragilidad vial agrava aún más la situación. En Cundinamarca, el 60 % de la red vial a cargo de Invías se encuentra en estado regular o malo, según datos de la Gobernación para 2025. Esto prolonga los tiempos de transporte, incrementa los costos logísticos y deteriora la calidad de los alimentos.

“Cada traslado, cada espera, cada manipulación y cada intermediación agrega costos”, señala el documento. Estudios de la Alcaldía Mayor de Bogotá indican que un alimento puede pasar hasta por cuatro intermediarios y aumentar su precio final hasta en un 80 %, generando una paradoja persistente: el productor recibe menos y el consumidor paga más .

A esto se suma el problema del desperdicio. En Colombia se pierde o desperdicia el 34 % de los alimentos producidos, cerca de 10 millones de toneladas al año, según datos de la FAO. En Bogotá, esta cifra se aproxima a 1,2 millones de toneladas, mientras que en Cundinamarca supera los 1,4 millones.

Lo más preocupante es que el 60,3 % de estas pérdidas ocurre antes de llegar al consumo: el 40,5 % se produce en la finca y otro 19,8 % durante la cosecha, poscosecha y almacenamiento. Es decir, gran parte del problema está en las primeras etapas de la cadena alimentaria.

Además del impacto económico, el desperdicio representa una carga ambiental significativa. El IPCC estima que entre el 8 % y el 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero están asociadas a pérdidas y desperdicios de alimentos.

Frente a este panorama, el Sistema de Abastecimiento Regional Agroalimentario (SARA), impulsado por el proyecto Aliméntate de Región y liderado por la Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca, la FAO y otras entidades, busca descentralizar la logística alimentaria mediante corredores regionales, nodos de acopio y mayor integración de organizaciones rurales.

La apuesta es clara: reducir intermediarios, mejorar los ingresos de los productores, estabilizar precios y disminuir el impacto ambiental. En otras palabras, mover mejor los alimentos también significa cuidar la Tierra.

En un contexto de cambio climático, bloqueos viales y presión sobre los recursos naturales, la forma en que se transporta la comida ya no es un asunto invisible. La logística alimentaria se consolida como un factor decisivo para la sostenibilidad, la seguridad alimentaria y el bolsillo de millones de colombianos.

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