La productividad laboral por hora trabajada apenas creció 0,4 % en 2025. Con menos tiempo disponible y sin reducción salarial, el reto empresarial ya no es ajustar horarios: es producir mejor.
Desde este 15 de julio, Colombia completó la reducción gradual de la jornada laboral ordinaria y llegó al límite máximo de 42 horas semanales, frente a las 44 horas que regían desde julio de 2025.
La medida, establecida por la Ley 2101 de 2021, no permite disminuir el salario ni las prestaciones de los trabajadores. Las 42 horas pueden distribuirse, de común acuerdo, en cinco o seis días, garantizando el descanso obligatorio.
Pero para las empresas el desafío supera el cumplimiento legal. La reducción implica mantener los niveles de producción, ventas y servicio con menos horas ordinarias disponibles y un mayor valor implícito de cada hora trabajada.
Una productividad que todavía avanza lentamente
El punto de partida es exigente. Según el informe más reciente del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, la productividad laboral por hora trabajada creció apenas 0,40 % en 2025.
La productividad por persona empleada, en cambio, cayó 0,56 %. El DANE también encontró contribuciones negativas de la Productividad Total de los Factores en sectores como construcción, industria manufacturera, transporte y comunicaciones.
Esto significa que la entrada en vigor de la jornada de 42 horas ocurre en un entorno en el que la eficiencia todavía crece a un ritmo limitado. Por eso, trasladar mecánicamente la reducción a los horarios, sin revisar la operación, podría traducirse en más horas extras, mayores costos o dificultades para mantener la atención al cliente.
Lo que deberían revisar las empresas
La nueva jornada exige tomar decisiones en al menos cuatro frentes:
Medir resultados, no permanencia. Las organizaciones necesitan indicadores relacionados con producción, ventas, entregas, tiempos de respuesta y calidad, en lugar de concentrarse únicamente en las horas de conexión o presencia física.
Rediseñar los turnos. Comercio, restaurantes, manufactura, construcción, transporte, vigilancia y otras actividades intensivas en personal deberán identificar las franjas de mayor demanda y distribuir allí su capacidad operativa.
Eliminar tiempos improductivos. Reuniones sin decisiones, aprobaciones innecesarias, duplicidad de reportes y procesos manuales consumen horas que ahora serán más valiosas.
Acelerar tecnología y capacitación. La automatización no debe entenderse solamente como sustitución de empleos. También puede reducir tareas repetitivas y permitir que los trabajadores concentren su tiempo en actividades de mayor valor.
De una obligación laboral a una decisión de negocio
La jornada de 42 horas no garantiza por sí sola una mayor productividad. Tampoco significa necesariamente que las empresas deban contratar más personas o extender las horas extras.
El resultado dependerá de la capacidad de cada organización para anticipar el impacto, reorganizar sus procesos y medir el desempeño con mayor precisión.
Para los tomadores de decisiones, la pregunta central ya no es cómo completar las 42 horas. Es cómo proteger los ingresos, el servicio y la competitividad trabajando con una hora laboral cada vez más costosa y estratégica.

