Cada mañana, millones de colombianos abren la llave sin preguntarse de dónde viene el agua ni bajo qué reglas se distribuye. Sin embargo, detrás de ese gesto cotidiano se esconde uno de los desafíos más urgentes del país: quién accede al agua, en qué condiciones y con qué mecanismos de transparencia y equidad. En 2025, Colombia dio un paso clave al abrir un diálogo nacional para avanzar hacia principios de gobernanza responsable del agua, en un contexto marcado por la desigualdad territorial y la presión climática.
Las cifras revelan la magnitud del problema. Aunque el 89 % de los hogares reporta acceso a acueducto, según la Encuesta Nacional de Calidad de Vida del DANE, la calidad del agua dista de ser uniforme. El Informe Nacional de Monitoreo del Sistema General de Participaciones de 2024 indica que solo el 56 % de los municipios suministra agua apta para consumo humano en zonas urbanas, mientras que en las zonas rurales la cifra cae a un alarmante 9,7 %. Una brecha que afecta directamente la salud, la productividad y la seguridad alimentaria.
“El agua no es solo infraestructura, es gobernanza. Tener reglas claras sobre quién accede, para qué y bajo qué condiciones es clave para evitar conflictos y cerrar desigualdades”, afirma Benjamin Kiersch, especialista senior en Recursos Hídricos de la FAO y coordinador global del proyecto ScaleWat. Esta iniciativa, liderada por la FAO con apoyo del Gobierno de Alemania y en alianza con el Ministerio de Ambiente, impulsa los Principios para la Gobernanza Responsable de la Tenencia del Agua.
El debate cobra aún más relevancia si se observa el panorama global. De acuerdo con datos de la OMS y UNICEF, en 2024 cerca de 2,1 mil millones de personas en el mundo carecían de agua potable gestionada de forma segura y 3,4 mil millones no contaban con saneamiento adecuado. Además, la agricultura concentra alrededor del 72 % de las extracciones de agua dulce, y la FAO advierte que la producción de alimentos deberá aumentar cerca de un 50 % hacia 2050, lo que incrementará la presión sobre el recurso.
Durante 2025, Colombia desarrolló cuatro diálogos multiactor —nacional, sector privado, academia y Consejo Nacional del Agua— que coincidieron en un mensaje central: sin datos abiertos, participación efectiva y coordinación institucional, la gobernanza del agua no se traduce en mejoras reales. “Los diálogos mostraron un consenso claro: la gobernanza debe convertirse en decisiones verificables que reduzcan brechas urbano-rurales y prevengan conflictos”, señaló María Alejandra Chaux, especialista senior de la FAO y coordinadora de ScaleWat en Colombia.
Los aportes de este proceso alimentarán el Diálogo Global sobre la Tenencia del Agua previsto para 2026 y se articulan con la agenda internacional hacia la Conferencia de las Naciones Unidas por el Agua. Para Colombia, el reto es claro: transformar los principios en acciones concretas que garanticen el derecho humano al agua, protejan los ecosistemas y aseguren un futuro sostenible para el campo y las ciudades.

