En Colombia, miles de personas viven con enfermedades de alto costo que requieren tratamientos continuos, controles estrictos y medicamentos permanentes. Sin embargo, cuando llega el momento de viajar —ya sea por trabajo, salud, familia o descanso— la incertidumbre se convierte en una barrera tan real como la propia enfermedad. Solo en 2024, las reclamaciones por dificultades de acceso a atención para pacientes con patologías crónicas o de alto costo aumentaron un 46 %, según la Superintendencia de Salud.
Ese panorama evidencia un problema que trasciende la atención médica local: ¿qué pasa cuando una persona con cáncer, diabetes o enfermedad renal crónica decide desplazarse fuera de su ciudad o del país? En Colombia, la Cuenta de Alto Costo reportó más de 458.000 casos de cáncer invasivo, más de dos millones de personas con diabetes y más de un millón con enfermedad renal crónica en los últimos años. Millones de ciudadanos cuya movilidad depende, en gran medida, de la continuidad de su tratamiento.
Viajar con una condición preexistente implica cuestionarse si el tratamiento podrá continuarse en destino, si una urgencia será atendida o si el seguro contratado cubrirá el padecimiento. La definición de preexistencia es crucial: cualquier enfermedad diagnosticada —o con signos clínicos previos al viaje— cuenta como tal, desde un nódulo mamario estudiado hasta la insuficiencia cardíaca o un accidente cerebrovascular anterior.
En medio de estas inquietudes, surge un debate global que alarma: en Estados Unidos se han discutido posibles restricciones migratorias para personas con enfermedades como obesidad, diabetes o cáncer. Aunque no existen regulaciones oficiales, el solo planteamiento abre una preocupación legítima: los pacientes no solo enfrentan su condición clínica, sino también barreras administrativas para ejercer un derecho tan elemental como viajar.

Por eso, contar con asistencia especializada al viajero es más que una recomendación: es una garantía de tranquilidad. Según Luz Doris Bustamante, de Universal Assistance, viajar con respaldo significa que la condición médica esté explicitada en la cobertura, que la atención esté disponible y que la persona no deba elegir entre su salud y su deseo de conocer el mundo.
Porque, en efecto, las enfermedades de alto costo no deberían traducirse en renuncias. Una persona con cáncer de mama, enfermedad renal crónica o diabetes también merece la posibilidad de desplazarse con dignidad y sin miedo. La clave está en viajar informado, con los medicamentos necesarios y, sobre todo, con una póliza que incluya preexistencias sin importar si hay síntomas en el momento del viaje.
El mensaje es claro: la salud no puede ser un límite para moverse. Con información, respaldo y cobertura adecuada, viajar sigue siendo un derecho posible para todos.

