La transformación digital del sistema de salud en América Latina dejó de ser una promesa futura para convertirse en una urgencia estructural. El aumento de la demanda asistencial, la fragmentación de los servicios y las limitaciones de infraestructura han puesto en evidencia la necesidad de modelos más integrados, capaces de usar los datos clínicos como eje para mejorar la calidad, eficiencia y continuidad de la atención.
En Colombia, este proceso avanza con una base regulatoria sólida. La Ley 2015 de 2020 estableció la Historia Clínica Electrónica Interoperable como un derecho del ciudadano y un deber del sistema. A esta se sumaron la Resolución 866 de 2021 y, más recientemente, la Resolución 1888 de 2025, que adopta el Resumen Digital de Atención (RDA) como estándar nacional de intercambio de información clínica. Estas normas buscan garantizar que los datos de los pacientes estén disponibles de forma segura y oportuna, sin importar la institución o el nivel de atención.
De acuerdo con proyecciones del sector, 2026 será un año de aceleración decisiva. La interoperabilidad a escala nacional permitirá reducir la duplicidad de exámenes, mejorar el seguimiento de pacientes crónicos y construir una historia clínica longitudinal que acompañe al ciudadano durante todo su ciclo de vida. Para ello, la adopción de estándares abiertos como HL7 FHIR y terminologías clínicas normalizadas será clave.
Otro de los grandes motores del cambio será la inteligencia artificial aplicada a datos clínicos confiables. Las soluciones basadas en analítica predictiva permitirán detectar riesgos de forma temprana, optimizar el flujo hospitalario, automatizar procesos administrativos de alto costo y apoyar la toma de decisiones clínicas. Sin embargo, expertos coinciden en que la calidad del dato será determinante para el éxito de estas tecnologías.

“El desafío no es solo tecnológico. Sin datos bien integrados, gobernados y contextualizados, la inteligencia artificial pierde valor clínico y confianza”, advierte Martín Kozak, Country Manager de InterSystems Colombia y Chile.
El nuevo modelo también pone al paciente en el centro. El acceso seguro a su información, la eliminación de trámites repetidos y una mayor coordinación entre instituciones prometen una experiencia asistencial más fluida. Portales digitales, aplicaciones de seguimiento y herramientas de autocuidado fortalecerán la participación activa del ciudadano, especialmente en enfermedades crónicas y cuidados de largo plazo.
No obstante, persisten desafíos importantes: brechas de infraestructura, fragmentación entre los sectores público y privado, diferencias en la madurez digital y escasez de talento especializado en interoperabilidad y analítica. Superarlos requerirá inversión sostenida, planificación y una visión integral de largo plazo.
“La tecnología es fundamental, pero no suficiente. Acompañar a las instituciones y adaptar cada implementación al contexto local es lo que garantiza resultados sostenibles”, concluye Kozak.
La convergencia entre regulación, interoperabilidad e inteligencia artificial convierte a 2026 en un punto de inflexión para la salud en la región. El reto ahora es traducir esta oportunidad en un sistema más seguro, eficiente y verdaderamente centrado en las personas.

