La nutrición personalizada gana espacio frente al avance de las enfermedades crónicas

Jul 25, 2026

Jorge Rausch Wolman, chef colombiano

Las enfermedades cardiovasculares continúan liderando la mortalidad en Colombia. En este contexto, una alianza entre Axon Pharma y el chef Jorge Rausch busca convertir recomendaciones clínicas en preparaciones accesibles para pacientes y cuidadores.

La alimentación está dejando de considerarse un complemento del tratamiento para convertirse en un componente cada vez más relevante de la prevención, la recuperación y el manejo de enfermedades crónicas.

El asunto tiene implicaciones que van más allá de la salud individual. El aumento de estas patologías presiona el gasto sanitario, incrementa las incapacidades y afecta la productividad de hogares y empresas.

Las cifras preliminares del DANE muestran que las enfermedades isquémicas del corazón se mantuvieron en 2025 como la primera causa de muerte en Colombia, con una tasa de 92,7 fallecimientos por cada 100.000 habitantes. Las enfermedades crónicas de las vías respiratorias inferiores y las cerebrovasculares ocuparon las siguientes posiciones, con tasas de 34,2 y 32,1, respectivamente.

En las Américas, las enfermedades no transmisibles —entre ellas las cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y las respiratorias crónicas— ocasionan cerca de seis millones de muertes al año. La Organización Panamericana de la Salud, OPS, estima que aproximadamente 240 millones de personas viven con al menos una de estas condiciones.

De la recomendación médica a la cocina cotidiana

En medio de este escenario, Axon Pharma presentó “Cuidarte sabe bien”, una iniciativa desarrollada con el chef Jorge Rausch que busca traducir principios de nutrición clínica en preparaciones sencillas para pacientes y cuidadores.

La propuesta incluye un recetario con más de 20 preparaciones elaboradas con productos de la canasta básica, organizadas de acuerdo con distintas condiciones de salud. Su propósito es acercar la orientación médica a la vida cotidiana y evitar que la dieta sea percibida únicamente como una lista de restricciones.

“Buscamos pasar de una dieta restrictiva a una alimentación adaptada a las necesidades y preferencias reales del paciente”, explicó Marcela Franco Gallego, gerente de mercadeo y promoción de Axon Pharma.

Según la directiva, recuperar el interés por la comida puede ser especialmente importante para personas en tratamientos oncológicos, pacientes con hipertensión o quienes enfrentan problemas digestivos, pues una experiencia alimentaria difícil puede afectar su estado nutricional y la adherencia a las indicaciones médicas.

El chef Jorge Rausch señaló que la alianza no pretende limitarse a enseñar recetas, sino ayudar a que los pacientes mantengan el placer de comer dentro de las condiciones establecidas por sus tratamientos.

Una brecha entre la recomendación y la realidad

La Organización Mundial de la Salud, OMS, recomienda que las personas mayores de 10 años consuman al menos 400 gramos diarios de frutas y verduras. También plantea que una dieta saludable debe mantener principios de suficiencia, equilibrio, moderación y diversidad.

Sin embargo, la distancia entre la recomendación y el consumo efectivo sigue siendo amplia. El Ministerio de Salud señala que en Colombia el consumo conjunto de frutas y hortalizas se encuentra por debajo de 200 gramos diarios por persona, menos de la mitad del nivel recomendado internacionalmente.

El dato evidencia que la discusión no puede reducirse a decirle al paciente qué debería comer. También debe considerar el precio de los alimentos, el tiempo disponible para cocinar, las costumbres familiares, la oferta regional y las restricciones propias de cada enfermedad.

Una recomendación técnicamente correcta puede fracasar cuando resulta costosa, difícil de preparar o alejada de las preferencias de la persona. Por eso, el uso de ingredientes cotidianos y preparaciones sencillas puede facilitar la incorporación de hábitos saludables.

El impacto también es económico

La OPS ha advertido que las enfermedades no transmisibles representan una carga creciente para los sistemas de salud y las sociedades. Su atención requiere continuidad, medicamentos, controles, hospitalizaciones y cuidados de largo plazo, mientras la enfermedad prematura puede afectar la capacidad de estudiar, trabajar y producir ingresos.

Desde esta perspectiva, las estrategias que contribuyan a prevenir complicaciones y mejorar la adherencia podrían generar beneficios tanto para los pacientes como para las aseguradoras, empleadores y prestadores de servicios sanitarios.

No obstante, la nutrición no sustituye los medicamentos, los controles clínicos ni los tratamientos formulados. Tampoco existe una dieta universal para todas las personas.

La OMS aclara que la composición de una alimentación saludable varía según la edad, el nivel de actividad física, el contexto cultural, la disponibilidad de alimentos y las condiciones particulares de salud.

Por esta razón, un recetario debe entenderse como una herramienta educativa y no como una prescripción médica. Los pacientes con enfermedades crónicas, alergias, restricciones de nutrientes o tratamientos que alteren su metabolismo requieren acompañamiento profesional.

Nuevas formas de acompañar al paciente

La iniciativa también muestra cómo algunas compañías farmacéuticas están ampliando su relación con los usuarios. Además de comercializar medicamentos y dispositivos, comienzan a desarrollar programas de educación, prevención y acompañamiento.

El desafío estará en garantizar que estas estrategias mantengan respaldo científico, participación de profesionales sanitarios y una separación clara entre información educativa y promoción comercial.

La alimentación personalizada gana espacio porque conecta la recomendación clínica con una actividad diaria y emocional. Su impacto dependerá de que logre ser segura, accesible y sostenible.

En un país donde las enfermedades cardiovasculares continúan encabezando las causas de muerte, llevar la prevención y el tratamiento hasta la mesa puede aportar valor no solo a los pacientes, sino también a un sistema de salud que enfrenta costos crecientes por enfermedades de larga duración.

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