Colombia enfrenta un deterioro crítico en su seguridad energética: señales de alerta y ajustes urgentes

Dic 14, 2025

Durante las últimas semanas, el sector gasífero colombiano ha captado la atención nacional debido a una serie de eventos que, al confluir, exponen una vulnerabilidad creciente en la seguridad energética del país. La pérdida de autosuficiencia en gas, el agravamiento financiero de uno de los principales productores privados y los recientes ajustes regulatorios emitidos por la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) configuran un escenario desafiante que exige respuestas estructurales y de largo plazo.

Reservas en mínimos históricos: un problema estructural

Colombia atraviesa un deterioro sostenido en su capacidad de abastecimiento de gas natural. El país dejó de ser autosuficiente y hoy depende parcialmente de importaciones para garantizar la continuidad del suministro. La magnitud del problema se evidencia en la caída de las reservas probadas: para 2024, estas se ubicaron en apenas 5,9 años, el nivel más bajo en dos décadas. La combinación de una demanda creciente, retrasos en proyectos de exploración y la declinación natural de campos tradicionales ha incrementado la exposición del sistema energético a riesgos de desabastecimiento.

Las proyecciones hacia 2028 resultan aún más preocupantes. Si se mantiene la expansión actual, la energía en firme disponible no alcanzará para cubrir los requerimientos del sistema. Expertos advierten que, sin nuevas fuentes de suministro —locales o externas—, el país podría enfrentar un deterioro más severo de su resiliencia energética.

La insolvencia de Canacol Energy agrava la presión sobre el suministro

A este contexto se suma la crisis de Canacol Energy, el segundo mayor productor de gas del país después de Ecopetrol y responsable del 10,2 % de la oferta nacional. La compañía se acogió recientemente a mecanismos de protección de acreedores en Canadá y solicitó su reconocimiento en Colombia, debido a problemas de liquidez e insolvencia.

La situación de Canacol preocupa por su peso estratégico dentro del mercado. En un momento en que la producción doméstica ya muestra signos de debilitamiento, cualquier eventual afectación en las operaciones de la empresa podría profundizar la dependencia del gas importado y generar presiones adicionales sobre la estabilidad del sistema. La incertidumbre en torno a la continuidad de sus proyectos y obligaciones comerciales incrementa la sensibilidad del sector ante posibles disrupciones.

Nuevas resoluciones de la CREG: una respuesta regulatoria para contener riesgos

Frente a este panorama, las recientes decisiones de la CREG han sido interpretadas como un paso en la dirección correcta. Las resoluciones emitidas buscan flexibilizar la contratación de gas importado, habilitar nuevos eventos eximentes en los contratos de suministro y facilitar el acceso a la infraestructura de transporte. En términos prácticos, estas medidas reducen barreras históricas para la entrada de gas del exterior y permiten que los agentes del mercado cuenten con instrumentos más ágiles para responder a coyunturas de estrechez en la oferta.

Si bien estas acciones no sustituyen la necesidad de fortalecer la producción nacional, sí constituyen un alivio parcial que puede contribuir a mitigar riesgos en el corto plazo y mejorar la capacidad del país para atender contingencias.

Un momento decisivo para la política energética

El diagnóstico es claro: Colombia se encuentra en un punto crítico en materia de seguridad energética. La combinación de reservas en descenso, tensiones derivadas de la crisis de Canacol y la necesidad creciente de complementar la producción local con importaciones configuran un desafío estructural que no admite dilación.

Expertos coinciden en que el país debe avanzar paralelamente en tres frentes estratégicos: elevar la producción doméstica mediante incentivos y aceleración de proyectos de exploración, garantizar mecanismos estables y competitivos para la importación de gas, y robustecer el marco regulatorio para blindar al sistema frente a episodios de vulnerabilidad. Solo una estrategia integral permitirá asegurar un suministro confiable, competitivo y sostenible en los próximos años.

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