La salud mental de niños, niñas y adolescentes en Colombia atraviesa un momento crítico. Así lo advirtió el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), que señaló un deterioro progresivo y preocupante en el bienestar emocional de las nuevas generaciones. De acuerdo con la entidad, el país enfrenta un aumento sostenido en los casos de ansiedad, depresión, ideación suicida y autolesiones en menores de edad, especialmente desde la pandemia.
Según cifras recogidas por la organización, entre 2022 y 2024 se duplicaron las consultas por motivos de salud mental en jóvenes, y los centros educativos reportan cada vez más casos de crisis emocionales, problemas de comportamiento y dificultades de socialización. La situación es especialmente grave en zonas rurales y en contextos de pobreza, violencia o desplazamiento, donde el acceso a atención psicológica es escaso o inexistente.
UNICEF también alertó sobre la falta de respuesta institucional frente a este fenómeno. Aunque la salud mental es parte del Plan Decenal de Salud Pública, en la práctica sigue siendo un tema relegado en la política pública, sin presupuesto suficiente, sin personal especializado en los colegios y con barreras de acceso en el sistema general de salud. “No podemos hablar de desarrollo si no protegemos la salud mental de los niños y adolescentes. El costo de no actuar es altísimo”, señaló la organización.
Los factores de riesgo son múltiples: presión académica, exposición constante a redes sociales, acoso escolar, inseguridad alimentaria, violencia intrafamiliar y falta de redes de apoyo. UNICEF hizo un llamado urgente al Estado colombiano para implementar una estrategia integral de prevención, atención y acompañamiento psicológico desde las escuelas, las familias y los servicios de salud.

