La movilidad eléctrica también transforma las llantas

Ago 7, 2026

El mayor peso de las baterías, la entrega inmediata de torque y la necesidad de preservar la autonomía están cambiando uno de los componentes más importantes —y menos visibles— de los vehículos eléctricos. Elegir una llanta adecuada ya no es solo una cuestión de precio o marca, sino de seguridad, eficiencia y desempeño.

El crecimiento de la movilidad eléctrica en Colombia está modificando no solo la composición del parque automotor, sino también los criterios técnicos con los que conductores, talleres y distribuidores deben mantener los vehículos. Uno de los cambios más relevantes ocurre en las llantas, cuya función se vuelve especialmente exigente debido al peso de las baterías, la aceleración inmediata y el menor ruido de los motores eléctricos.

Entre enero y abril de 2026 se matricularon en Colombia 100.446 vehículos nuevos, lo que representó un crecimiento del 49,3 % frente al mismo periodo de 2025, según cifras de Fenalco y la Andi citadas en el documento. Solo en abril se registraron 26.787 unidades, 54 % más que un año atrás. Dentro de ese mercado, los automóviles eléctricos alcanzaron 5.192 matrículas y los híbridos llegaron a 7.476 unidades.

La expansión de estas tecnologías plantea una pregunta que comienza a ser determinante: ¿puede un vehículo eléctrico utilizar las mismas llantas que uno convencional?

Más peso sobre el asfalto

Aunque exteriormente puedan parecer similares, los vehículos eléctricos tienen una arquitectura distinta. En lugar de un motor de combustión, incorporan baterías de gran tamaño y motores eléctricos capaces de entregar potencia desde el primer contacto con el acelerador.

“Un híbrido combina motor eléctrico y motor de combustión y alterna entre ambos según la demanda de conducción. Un carro eléctrico puro se mueve únicamente con energía almacenada en una batería y un motor eléctrico”, explicó Carlos Cruz, gerente comercial de Hankook Tire Colombia.

“Un híbrido combina motor eléctrico y motor de combustión y alterna entre ambos según la demanda de conducción. Un carro eléctrico puro se mueve únicamente con energía almacenada en una batería y un motor eléctrico”, explicó Carlos Cruz, gerente comercial de Hankook Tire Colombia.

El peso adicional de la batería aumenta la carga que deben soportar las llantas durante cada recorrido. Esta condición exige carcasas reforzadas, mayor rigidez estructural y una distribución uniforme de la presión sobre el pavimento. Cuando estos factores no se tienen en cuenta, el desgaste puede acelerarse o presentarse de manera irregular, afectando la estabilidad en curvas, frenadas o cambios repentinos de carril.

Por esta razón, las llantas diseñadas para vehículos eléctricos requieren índices de carga apropiados, estructuras capaces de resistir mayores esfuerzos y compuestos que conserven el agarre sin deteriorarse prematuramente.

El desafío del torque inmediato

La forma en que se entrega la potencia también cambia. Mientras un motor de combustión desarrolla su fuerza progresivamente, un motor eléctrico puede proporcionar gran parte de su torque desde el arranque. Esa respuesta permite aceleraciones rápidas, pero también incrementa la tensión sobre la superficie de contacto entre la llanta y la vía.

El dibujo de la banda de rodamiento, los compuestos de caucho y la rigidez lateral deben estar preparados para soportar arranques contundentes, transferencias inmediatas de peso y mayores exigencias de adherencia. El reto se hace todavía más evidente sobre superficies mojadas o de baja tracción, donde la capacidad de la llanta para conservar el control es decisiva.

Las frenadas también demandan estabilidad. Aunque muchos vehículos eléctricos cuentan con sistemas de frenado regenerativo, la llanta continúa siendo el punto final de contacto con la carretera y, por tanto, un componente esencial para que los sistemas electrónicos de seguridad funcionen adecuadamente.

Una llanta que también influye en la autonomía

La autonomía de un automóvil eléctrico no depende exclusivamente de la capacidad de su batería. La resistencia al rodamiento —la energía que se pierde cuando la llanta se deforma y avanza sobre el pavimento— también tiene efectos sobre el consumo.

Una llanta que genera mayor fricción obliga al vehículo a utilizar más energía para desplazarse. Por eso, los desarrollos especializados buscan reducir la resistencia al rodamiento sin sacrificar agarre, estabilidad ni durabilidad. La llanta no genera autonomía adicional, pero puede ayudar a conservar la energía disponible y disminuir pérdidas innecesarias.

Este equilibrio representa uno de los principales retos de la industria: fabricar productos suficientemente resistentes para soportar vehículos más pesados, pero al mismo tiempo eficientes para no reducir su rango de circulación.

Fabricantes como Hankook han desarrollado líneas específicas para esta categoría. Su familia iON, por ejemplo, incorpora soluciones orientadas a controlar el peso, el torque, el ruido y la resistencia al rodamiento. Más allá de una marca particular, esta tendencia evidencia cómo los proveedores de componentes están adaptando sus portafolios al avance de la electrificación.

El silencio hace más visible el ruido

En los automóviles convencionales, el sonido del motor suele ocultar buena parte del ruido producido por las llantas. En los eléctricos, la reducción del ruido mecánico permite percibir con mayor claridad las vibraciones y el contacto con el pavimento.

Esta condición ha convertido el confort acústico en un atributo técnico. Los fabricantes trabajan en patrones de rodamiento, cavidades internas y materiales que absorben vibraciones para disminuir el sonido dentro de la cabina sin comprometer el desempeño.

La reducción de ruido no es únicamente una característica de comodidad. También influye en la experiencia de conducción y en la percepción de calidad de los vehículos, especialmente en los segmentos prémium y urbanos.

Una decisión técnica, no solamente económica

Al momento de cambiar las llantas de un vehículo eléctrico, el conductor debe revisar el índice de carga recomendado por el fabricante, la resistencia al rodamiento, la capacidad de agarre, el nivel de ruido y las dimensiones homologadas para el automóvil.

También resulta indispensable mantener la presión correcta. Una llanta desinflada aumenta la fricción, eleva el consumo de energía y puede acelerar el desgaste. Por el contrario, una presión excesiva puede reducir la superficie de contacto con la carretera y afectar el confort o la adherencia.

A medida que la movilidad eléctrica gane participación en Colombia, el mantenimiento deberá evolucionar al mismo ritmo. Talleres, distribuidores y propietarios necesitarán comprender que la electrificación no termina en la batería o en los puntos de carga: también transforma componentes tradicionales como las llantas.

En este nuevo escenario, escoger el producto adecuado será una decisión directamente relacionada con la seguridad, la eficiencia energética y el costo de operación del vehículo. La revolución eléctrica, en definitiva, también se está produciendo sobre el asfalto.

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