Una nueva convocatoria busca que pequeños negocios que todavía cocinan con carbón o leña migren al gas licuado, pero la iniciativa va más allá del cambio de combustible: incorpora activos productivos, capacitación y acceso a financiación. El desafío toca tres problemas de fondo de la economía colombiana: productividad, transición energética e inclusión financiera.
La transición energética suele asociarse con grandes parques solares, vehículos eléctricos o inversiones multimillonarias. Sin embargo, una parte menos visible del desafío está en miles de pequeños negocios que todavía dependen de la leña y el carbón para desarrollar sus actividades productivas.
En ese terreno se mueve Emprende el Cambio, una iniciativa de Colgas cofinanciada por DEG Impulse con recursos públicos del Ministerio Federal Alemán de Cooperación Económica y Desarrollo (BMZ), que acaba de abrir una convocatoria para acompañar hasta 250 negocios de comida al paso entre 2026 y 2029. El programa estará dirigido a emprendedores de Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena, Bucaramanga, Ibagué y Neiva que actualmente utilizan leña o carbón como principal fuente para cocinar.
La dimensión del reto es considerable cuando se observa el peso que tienen los micronegocios en la economía colombiana. El DANE estimó que en 2024 existían 5,26 millones de micronegocios en 24 departamentos y Bogotá. El 90,5 % correspondía a trabajadores por cuenta propia y solo el 9,5 % a patronos o empleadores.
Los datos más recientes también muestran que se trata de una economía que mueve volúmenes importantes de recursos. En las 24 principales ciudades y áreas metropolitanas, 2,43 millones de micronegocios generaron ingresos nominales por $106,5 billones y un valor agregado de $51,3 billones durante 2025, según el DANE. Además, en el segundo trimestre de 2026, los ingresos de estas pequeñas unidades económicas crecieron 14 % frente al mismo periodo del año anterior y el alojamiento y los servicios de comida contribuyeron positivamente al aumento en el número de micronegocios.
Un problema que también es energético
El uso de leña y otros combustibles contaminantes para cocinar sigue lejos de desaparecer en Colombia. Un documento publicado en 2026 por la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME), como parte del Plan Nacional de Sustitución de Leña, recoge cifras de la Organización Mundial de la Salud según las cuales la población colombiana que utilizaba biomasa para cocinar disminuyó de 8,06 millones de personas en 1990 a 3,35 millones en 2023. La reducción es significativa, pero evidencia que la transición sigue incompleta.
La UPME encontró además que, medido en términos de consumo energético, los combustibles ineficientes y altamente contaminantes representaban el 54 % de la energía empleada para cocción en el sector residencial en 2023, con la leña como principal componente. En las zonas rurales, su participación dentro del consumo destinado a cocinar llegaba al 89 %.
La situación explica por qué la sustitución de combustibles tradicionales no es únicamente un asunto ambiental. También involucra eficiencia energética, condiciones laborales, exposición al humo y productividad.
El crédito, el otro cuello de botella
Para un pequeño negocio, sin embargo, comprar nuevos equipos o modificar su fuente de energía exige capital. Y allí aparece otra de las grandes barreras.
Un análisis de Banca de las Oportunidades sobre exclusión crediticia de los micronegocios encontró que, entre aquellos que solicitaron financiación, 23,49 % recurrió a prestamistas informales, frente a un 58,36 % que acudió al sistema financiero formal. Entre los vendedores ambulantes, además, el 32,98 % de quienes no solicitaron crédito señaló como razón no cumplir con los requisitos exigidos. El estudio fue publicado en 2025 utilizando información de la Encuesta de Micronegocios del DANE de 2023.
Este punto ayuda a entender uno de los elementos diferenciadores de la convocatoria. El programa no plantea simplemente cambiar una estufa o sustituir carbón y leña por GLP. Los beneficiarios podrán acceder gradualmente a carritos de comida compatibles con gas licuado, kits de conexión y elementos de protección, además de microcréditos en especie y mecanismos de financiación orientados a facilitar la construcción de historial crediticio.
La estrategia también incorpora capacitación en manipulación de alimentos, uso seguro de GLP, herramientas digitales, liderazgo, mentalidad emprendedora y buenas prácticas empresariales.
“No se trata solamente de sustituir carbón o leña por GL, sino de acompañar a cada emprendedor con formación, activos productivos, inclusión financiera y seguimiento para fortalecer su negocio de manera más segura y sostenible”, explicó Aricelis Martínez, gerente de Innovación de Colgas.
Ahí podría estar el aspecto más relevante del programa desde una perspectiva empresarial: convertir la transición energética en una herramienta de modernización productiva. Para un micronegocio, cambiar la tecnología de cocción puede ser importante, pero vincular esa transformación con acceso al crédito, capacitación y mejores activos puede tener un impacto más duradero sobre su capacidad de generar ingresos.
La iniciativa contempla precisamente la medición de resultados económicos, sociales, financieros, productivos y ambientales durante su ejecución. Será esa evaluación la que permita determinar si un modelo que une descarbonización con inclusión financiera puede ser replicable a una escala mayor.
Las inscripciones son gratuitas y estarán abiertas hasta el 28 de septiembre de 2026. La postulación no implica selección automática: se evaluarán variables como vulnerabilidad, potencial productivo, capacidad de participación y condiciones técnicas y financieras.
Más que 250 nuevos equipos, el experimento pondrá a prueba una idea relevante para Colombia: que la transición energética también puede empezar en la economía popular y convertirse, al mismo tiempo, en una puerta hacia negocios más productivos, financiables y sostenibles.

