En medio del panorama complejo que enfrenta Colombia, donde la escasez de agua y los problemas energéticos se unen, los precios de los energéticos continúan subiendo. Según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) y la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG), los costos de la electricidad han alcanzado un alza del 19,51%, mientras que el gas natural ha experimentado un aumento del 3,22%. Además, el precio del agua ha subido un 8,88%, reflejando la presión sobre un recurso vital.
Este contexto, caracterizado por una combinación de factores regulatorios, de mercado y políticas públicas, está generando un impacto importante en la economía de los colombianos. Las medidas de racionamiento de agua y la posibilidad de racionamiento eléctrico agregan incertidumbre y preocupación a la población.
Según Álvaro Josué Yáñez, Socio de CMS Rodríguez-Azuero, los factores regulatorios, como las metodologías tarifarias obsoletas y las barreras en los procesos de compra y venta de energía, afectan la disponibilidad y liquidez del mercado energético. Por otro lado, los factores de mercado, como la volatilidad y el aumento de precios causados por fenómenos climáticos extremos, junto con la escasez de recursos fósiles, también contribuyen a esta situación.
En respuesta a estos desafíos, se han implementado medidas regulatorias, como el Pacto por la Justicia Tarifaria, que busca controlar la inflación en el servicio eléctrico y flexibilizar el procedimiento para solicitar ampliación de capacidad de transporte de energía. Sin embargo, se requieren medidas adicionales para promover la diversificación de la matriz energética y fomentar la inversión en energías renovables, así como fortalecer la producción de gas natural nacional.
Mónica Torres, Counsel de CMS Rodríguez-Azuero, destaca la importancia de realizar reformas estructurales al mercado eléctrico y promover programas de eficiencia energética para reducir el consumo. También enfatiza en fortalecer la institucionalidad para garantizar un suministro energético sostenible a largo plazo.
El desafío energético e hídrico que enfrenta Colombia requiere una respuesta integral y proactiva. A medida que el país busca garantizar un suministro energético estable y sostenible, es fundamental considerar medidas adicionales que mitiguen los impactos económicos y sociales.

